20130926-104755.jpg

La culpa no es de Laura Bozzo. Es tuya, es mía, es de todos nosotros.

Marcela Turati, reportera de Proceso, narra a Carmen Aristegui como cuando la señorita Laura llega a las zonas de desastre no hay reclamos, no hay damnificados indignados. Hay lágrimas, hay gritos no de ira sino de gusto, de alabanza, pidiendo un saludo, un guiño, un roce con ésta embajadora de la desgracia.

¿Que se usaron recursos públicos? ¿Que se hizo un montaje? ¿Que rescatistas, agua, medicinas y víveres se quedaron en tierra para que volara ésta ave de mal agüero? Si, todo eso si, pero la culpa nunca es del indio sino del que lo hace compadre.

Laura Bozzo existe porque es negocio. Es negocio porque hay quien paga por anunciar sus productos durante su programa. Hay quien paga por esto porque su programa tiene millones de televidentes ávidos de deleitarse con la desgracia ajena.

La señorita Laura es la versión moderna del verdugo de la horca, del de la guillotina, del Gran Inquisidor y sus quemas de herejes en plazas públicas, del Coliseo y los gladiadores; todos espectáculos siempre muy taquilleros.

Si realmente quisiéramos deshacernos de Laura de América tendríamos que dejar de ver su programa y dejar de comprar los productos que se anuncian en él. Eso, más que otra cosa, más que todas las voces críticas, burlas y reclamos será lo que la destierre de la pantalla. Mientras esto no pase, seguiremos escuchando día a día

¡Que pase el desgraciado!

Anuncios

Sobre el Autor Alberto Mansur

Abogado litigante en derecho mercantil y civil. Llevo pleitos de negocios. Autor de #LoQueMataNoEsLaBala. Dueño del #PrietitoEnElArroz. Lavo y plancho ajeno.