No se olvida, tampoco se recuerda.

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2 de octubre no se olvida.

Ayer fue 2 de octubre. Se cumplieron 45 años de la matanza en Tlatelolco. Ese día, hace casi medio siglo, el gobierno de Gustavo Diaz Ordaz asesinó, no sólo a los cientos de inocentes que fueron víctimas del ejército y el batallón Olimpia, no sólo a los que fueron aplastados por los tanques o ultimados por las balas o torturados en Lecumberri y el Campo Militar 1.

No, también asesinó a todos y cada uno de los policías que han muerto en cumplimiento de su deber. Me vienen a la mente los dos policías linchados en Tlahuac durante el gobierno de AMLO y el policía que está en coma tras los disturbios del lunes. También asesinó al trabajador que murió quemado en la gasolinera de Chilpnancingo que la CNTE tuvo a bien incendiar el año pasado.

Díaz Ordaz asesinó al Estado Mexicano.

El elemento esencial del Estado es el monopolio del uso de la fuerza y en Mexico ese monopolio lo tienen las mafias disfrazadas de grupos de protesta social. Ellos son los que pueden secuestrar calles, golpear individuos, vandalizar inmuebles, linchar policías, quemar vivo a quién quieran. El gobierno solo mira, se encoge de hombros, tiene miedo de aparecer como represor.

Hoy estos terroristas no olvidan la masacre. ¿Por qué olvidarla si les sirve de escudo y de ariete? Mientras no se olvide la masacre de ayer, sus crímenes de hoy permanecerán impunes.

No olvidan, pero tampoco recuerdan el movimiento estudiantil del ’68. Recordarlo sería acordarse que el movimiento siempre fue pacifico, que el bazucaso, la violencia, la muerte siempre vinieron del gobierno, no de los estudiantes. Recordarlo sería acordarse de la marcha del silencio, del pliego petitorio, del deseo de diálogo público y honesto. Recordarlo sería acordarse de que hoy se parecen más al fascismo y sus camisas negras que a la izquierda y su amor y paz.

Muy bueno sería que el 2 de octubre sirviera más para recordar y menos para no olvidar.

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