Cobardes Anónimos.

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Comentar un texto, mandar un correo y no poner tu nombre es una cobardía. La cobardía de no querer asumir las consecuencias de lo que dices, la cobardía de no quedar obligado por tus palabras, la cobardía de aventar la piedra y esconder la mano.

Y es que los cobardes abundan. También están destrampados.

A raíz de mi texto Homosexualidad Judía he recibido opiniones de todos los colores y sabores. Muchas de respaldo, de apoyo, de felicitación. Otras tantas de disenso, de repudio, de indignación. Todas, a favor y en contra, han sido aprobadas para publicación en el sitio y han recibido respuesta. Todas, excepto las anónimas.

El que me ha escrito para aplaudirme y no deja su nombre ha recibido un mensaje de mi parte informándole que su comentario no será aprobado si no lo firma. Lo mismo el que ha escrito para abuchearme.

Uno de mis detractores me respondió: -¿No que estabas a favor de los putos?

Le contesté que no. Yo estoy a favor de los homosexuales, de su no discriminación, de su inclusión social. Aceptarse como homosexual es un acto de valentía. De los putos, entendidos estos como los cobardes, nunca.

No supe más de Arrozyjamud. Tampoco de la mayoría de los cobardes.

Andan circulando por ahí unos correos de un tal Juan Pueblo Shami. Otro cobarde. Muy machito para pedir explicaciones, para exigir renuncias, para hacer cuestionamientos. Todo sin remitente.

¿No están orgullosos de lo que piensan? ¿Tan vergonzante es su homofobia? ¿No se supone que están luchando por la identidad, por el alma misma de la comunidad? ¿No que lo que está en juego es el futuro de nuestros hijos? ¿Entonces por qué esconderse detrás de un pseudónimo?

Si tan seguros están de su razón, levanten la mano y digan YO, firmen sus comunicados y comentarios. Si quieren discutir el tema y defender lo que piensan, si tienen el valor que da la convicción de saberse en lo correcto, digan día, lugar y hora y ahí nos vemos. Discutamos en vivo y en público, bajo la luz, ante todos.

Anden, cobardes. No se escondan.

Homosexualidad judía.

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Hacer lo correcto rara vez es fácil.

Requiere de valor levantar la mano y decir en voz alta a propios y extraños que la tierra se mueve alrededor del sol. La opinión popular y la postura oficial puede ser otra. Y sin embargo se mueve.

Los últimos han sido días de tormenta y desasosiego en la comunidad judía de México. Guimel, una organización que promueve la no discriminación por motivos de diversidad sexual tuvo el atrevimiento de hacer y difundir un video llamado YO TAMPOCO donde invita a no discriminar. En ese video osó participar Marcos Metta, un dirigente comunitario de ejemplar trayectoria,. Fue ahí donde la puerca torció el rabo.

¿Qué cómo es posible? ¿Qué si no sabe q la suya es una comunidad ortodoxa? ¿Qué si no sabe que la Biblia dice que la homosexualidad es una abominación? ¿Qué cómo se atreve a decir que a aquellos que son diferentes no hay que esconderlos debajo de la alfombra? Que renuncie dicen voces.

Es la actitud del avestruz.

Como comunidad no podemos excluir o discriminar a nuestros miembros porque han nacido con una preferencia distinta. Tampoco podemos pretender tapar el sol con el dedo y decir q no existen.

Si, es cierto que la Biblia dice que el sexo entre hombres -no la homosexualidad- es una abominación (Lev 18:22). También dice que comer comida no Kosher (Det 14:3), el regreso de una mujer con su primer esposo después de segundas nupcias (Det 24:4), ofrecer a Dios un sacrificio impuro (Det 17:1) y la envidia, la mentira y el chisme (Prov 3:32, 16:22); todas son abominaciones.

No veo a nadie haciendo campaña contra estas y otras abominaciones. De hecho la palabrita aparece 122 veces en la Biblia.

Tampoco veo a nadie matando a los que no respetamos Shabat (Éxodo 35:2) o a los que blasfeman constantemente (Lev 24:16) aunque la Biblia ordena que a estos últimos debía apedrearlos a muerte el pueblo entero.

No, la tormenta no tiene nada que ver con la religión. La intolerancia es la hija incestuosa del miedo y su madre la ignorancia. Tiene otros parientes, se llaman odio, discriminación, exclusión, homofobia, xenofobia, racismo, clasismo, antisemitismo. La familia es numerosa y todos se acuestan con todos.

-Mañana querrán entrar a nuestras escuelas, casar a sus hijos con los nuestros, mezclarse con nosotros -dicen los discriminadores. Si y no.

Los homosexuales no buscan conversos. Se es o no se es. No se pega, ni se enseña, ni se transmite por los ojos u oídos. Tampoco se escoge. Así cómo una pareja heterosexual puede tener un hijo homosexual, lo mismo una pareja homosexual un hijo heterosexual, bisexual, transexual o alguna otra variación de la sexualidad.

Si, quieren ser parte de nuestra comunidad. Participar de nuestra vida social, mandar a sus hijos a nuestras escuelas, mezclarse con nosotros. También quieren su espacio aparte. Que se les reconozca y se les aprecie por las personas que son y no por las personas con las que prefieren acostarse.

Yo creo que su inclusión en nuestra vida comunitaria nos beneficia y enriquece a todos. Nos permite dar el ejemplo a nuestros hijos de que ser diferente no quiere decir ser bueno o malo, sólo diferente. Que podemos tener diferencias de opinión, de religiosidad, de gustos, de color, de oportunidades, de origen, de dinero y que las diferencias son eso: diferencias, no razones para odiar, burlar, excluir.

Incluirlos en nuestra vida comunitaria es lo mismo que exigimos nosotros los judíos de aquellos que no lo son.

Los que hoy se rasgan las vestiduras en contra de Marcos y Guimel no tienen empacho en pedir su inclusión en clubes de golf y tenis, en sentarse a comer en el restaurante que quieran, en estudiar lo que su vocación les dicte en la escuela que les gusta, en trabajar, socializar y amigar con todos aquellos que son diferentes a nosotros por creer en otras cosas. ¿Qué no es lo mismo? Entonces, ¿pa que tanto brinco estando el suelo tan parejo? Es la hipocresía del hágase la voluntad de Dios pero en las mulas de mi compadre.

La diversidad no es el derecho a ser igual sino tener igual derecho a ser diferente. Bien haríamos por empezar en casa.