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El gobierno se ve, se siente, en las pequeñas grandes cosas. Son las pequeñas cosas las que nos demuestran a los ciudadanos si nuestros gobernantes están sirviéndonos o sirviéndose de nosotros.

Si la banqueta está limpia o sucia, si la calle está bien pavimentada o llena de baches, si la luminaria está encendida o fundida, si abrimos el grifo y el agua sale y, si una vez que sale el agua, ésta sale a una presión adecuada y está limpia o está sucia.

Lo notamos en si el camión de la basura pasa todos los días y a tiempo, si la recoge o no, si la separa o la revuelve. Lo notamos en el semáforo de la esquina, si está debidamente sincronizado, si ayuda eliminar el tráfico en vez de causarlo, si es automático o si está siendo controlado por un oficial de tránsito a su contentillo.

A nuestros gobernantes se les olvida que lo que ellos llaman los GRANDES TEMAS NACIONALES, así, con mayúsculas, a los ciudadanos de a pie nos valen madres, o menos. Nos importan cuando nos impactan en nuestra vida diaria.

En éste sexenio han habido reformas legislativas de gran calado, pero ninguna de ellas tiene ninguna importancia para ti o para mí si no se traducen en temas que nos afectan a cada uno en lo individual.

La reforma laboral tiene que traducirse en más y mejores empleos; la reforma educativa tiene que traducirse en escuelas dignas, maestros capacitados, educación de primer nivel; la reforma energética tiene que traducirse en energía más barata para todos; y así, todas las reformas que éste gobierno ha impulsado.

Durante los últimos 20 años, nuestros gobernantes nos han cantado la canción de que la macroeconomía está a toda madre. Durante 20 años mi respuesta siempre ha sido la misma, –Qué bueno, ¿y la mía güey?

Que si las tasas de interés, que si la deuda, que si el precio del petróleo, que si las reservas, que si el blindaje, que si la tasa de desempleo, que si la economía informal, que si la formal, que si la inversión extranjera directa, que si la indirecta, que si la bolsa sube, que si el dólar baja; todo eso vale madre si yo no tengo suficiente dinero en la cartera para cubrir las necesidades de mi familia.

Pero a nuestros gobernantes de siempre esto se les olvida, cacarean el huevo sin importarles que está podrido. Y los ciudadanos ya estamos cansados.

Prueba de ello es el descrédito que recogen todas las encuestas de los partidos políticos, de los diputados, de los senadores, de la clase política en general. Nadie se salva.

La política tiene que ser las ideas al servicio de la gente. Los de siempre viven con la idea de que la política es la gente a su servicio. Esto tiene que cambiar.

Los ciudadanos tenemos que dejar de votar por colores y empezar a votar por personas. Tenemos que votar por la gente que tiene arraigo en nuestras comunidades, la gente que conoce nuestros problemas y nuestras necesidades, la gente que vive con nosotros y como nosotros.

Tenemos que votar por aquellos ciudadanos que conocen nuestros pequeños grandes problemas y a los que les importan nuestras pequeñas grandes cosas, no porque digan que les importan, sino porque las viven, día a día, junto con nosotros.

Para que los partidos políticos se empiecen a fijar en nuestras pequeñas grandes cosas, los ciudadanos tenemos que dejar de fijarnos en los partidos políticos.

Tiene que dejar de importarnos si Fulano, Mengano o Perengano están compitiendo bajo los colores azul, rojo o amarillo. Nuestro voto tiene que dejar de ser por tal o cual partido o en contra de éste o aquel otro. También tiene que dejar de estar nuestro voto en venta al mejor postor.

Tenemos, en cambio, que fijarnos en las personas a las que estamos votando. Tienen que ser vecinos de nuestras colonias, de nuestras comunidades, de nuestros barrios, gente que conozcamos. Tenemos que empezar a votar por Mariana, Hugo, Paco o Luis. No por el candidato Fulano, Mengano o Perengano.

Mariana se va a encargar de que cierren la narcotiendita, porque no quiere que su hija y la tuya anden en la mona. Hugo se va encargar de que tapen el bache de la calle porque su coche, igual que el tuyo, cae ahí todos los días. Luis se va encargar de que limpien la banqueta porque él, como tú, sale todos los días y se encuentra con el tiradero de basura. Paco se va encargar de que la luminaria esté prendida y el policía esté dando rondines en el parque porque sus hijos, como los tuyos, también quieren salir a jugar bote pateado.

Ese es el gobierno de las pequeñas grandes cosas, ese es el gobierno de la gente, por la gente y para la gente. Esa es la verdadera democracia.

Si nosotros, los ciudadanos de a pie, empezamos a votar por Mariana, Hugo, Paco o Luis, en vez de por el azul, el rojo, o el amarillo, entonces tanto el azul, el rojo, como el amarillo empezaran a voltearnos a ver, empezarán a postular a a Mariana, a Hugo, a Paco, a Luis y a gente como ellos. Empezaran a representarnos de verdad. Empezarán a preocuparse y ocuparse de las pequeñas grandes cosas que son, al final de cuentas, la que nos importan a ti y a mi.

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Sobre el Autor Alberto Mansur

Abogado litigante en derecho mercantil y civil. Llevo pleitos de negocios. Autor de #LoQueMataNoEsLaBala. Dueño del #PrietitoEnElArroz. Lavo y plancho ajeno.

3 comentarios

  1. En todo concuerdo, pero falta algo que es para mi es elemental: El gobiernos es un reflejo de la sociedad que lo eligió, lavarnos las manos e imbuirnos de pureza no ayuda; el gobierno no tiene la culpa de todo. La familia, los valores la función de los padres se esta diluyendo. Acaso el gobierno no será un reflejo de lo que sucede en la célula mas básica de la sociedades? Esos muchachos que mataban a sus compañeros de escuela en Acapulco, donde estaban sus papás? No podemos hablar de falta de oportunidades, estaban en una escuela privada.Empezar por conceptos tan básicos como respetar la vida, no humillar a los demás, y por supuesto, no tirar basura en la calle, separarla nosotros, no el señor de la basura, no faltar a la ley solo porque se da la oportunidad, tanto en una falta de tránsito como el que evade impuestos porque logra engañar a la autoridad etcétera etcétera. Todas estas son decisiones personales en las que el gobierno nada tiene un ver ( esto si todavía creemos en la libertad de albedrío, o ya no?…).
    Si empezamos a dejar de lado la expresión maniquea de que ” El gobierno tiene la culpa de absolutamente todo” tal vez empezamos a tener una sociedad civil fuerte, tengamos el gobierno que merecemos y tengamos la fuerza moral para exigirlo.
    Tal vez y solo tal vez culpamos de todo al gobierno por un miedo inmenso de voltear a vernos a nosotros mismos.

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