Odio a Volaris


Odio a Volaris.

Es importante que deje esto bien claro antes de que leas lo demás.

La odio con odio jarocho, hasta el infinito y mas allá. Caray, más que a la mayonesa y mira que ya es bastante.

Lo curioso es que soy correspondido.

Volaris me odia a mi.

Bueno, no a mi exactamente. A mi, a ti, a la comadre, al vecino y hasta al primo de un amigo.

Cualquiera que haya tenido el infortunio de viajar en ella es digno de su odio. De su saña también.

El modelo de negocios de una empresa es como su ADN. Del modelo parten sus prácticas comerciales, su nivel y tipo de servicio o producto, sus esquemas gerenciales.

Y el de Volaris es siniestro, pero no está sola.

Antes una aerolínea se ganaba su lana  de la diferencia entre lo que costaba mandar un avión a un lado y el número de boletos que vendía a los pasajeros de ese avión.

Hoy no.

En 2013, la industria aeronáutica ganó 31.5 miles de millones de dólares derivado de servicios ancilares.

¿Qué son los servicios ancilares? Ah, te explico.

Son las cuotas y cargos que pagas por escoger tu lugar, por imprimir tu boleto en el aeropuerto, por llevar una maleta extra o unos kilitos de mas, por un snack y un poco de agua abordo, por subir al avión con una maleta de mano en la que quepa un poco mas que dos paliacates y una tutsi pop.

Ya sabes, todas esas cosas que antes incluía el costo de tu boleto.

Volaris te dice que te vende una “tarifa limpia” (desnuda, diría yo) en la que han desagregado todo aquello que antes daba uno por hecho y que ahora puede seguir dando a cambio de una feria.

Podría uno decir que Volaris tiene razón, que la tarifa limpia es una forma de que uno solo pague aquello que quiere comprar.

Si a ti no te importa ir en el asiento de en medio, de la fila de atrás, tienes más resistencia al hambre y la sed que un camello y viajas solo con lo puesto mas una muda de calzones en el bolsillo de tu chamarra (ya sabes, por aquello de lo que se pueda ofrecer) no sería justo que pagaras el mismo costo de aquellos que seguimos siendo parte de una civilización menos avanzada que se aferra a su cochina comodidad y da por hecho los cacahuatitos tostados que saben a la infancia.

El problema es que para que el modelo de tarifa limpia funcione, es necesario que haya algo por lo que uno esté dispuesto a pagar.

Es aquí donde la puerca tuerce el rabo y el modelo de tarifa limpia se transforma en uno de miseria por diseño.

Para que Volaris pueda cobrarte los extras, la experiencia sin ellos tiene que ser tan pinche miserable que estés dispuesto a pagar lo que sea para escapar el purgatorio de la tarifa limpia.

¿Te acuerdas cuando Volaris te ofrecía una garantía de puntualidad en la que si llegaban tarde te reembolsaban tu boleto? ¿No? Ellos tampoco.

Y los asientos. Dios guarde la hora con los asientos.

Hay quienes dicen que están diseñados para enanos, pero yo que soy tamaño económico no me explico cómo puede caber cómodamente un enano ahí, a menos que sea uno que además sea contorsionista.

Lleva uno las rodillas del de atrás clavadas en el culo y su respiración en la nuca y eso antes de tratar de reclinar el asiento, con la vergüenza añadida de saber que uno está torturándo de la misma forma al pobrecito del asiento de enfrente, por las filas de las filas y amen.

Esto no es accidental.

Al bajar la calidad de servicio sube el incentivo de pagar por la garantía de llegada, por la subida pronta al avión, por los dos kilos extra, por los asientos premium que no son otra cosa que las dos o tres filas del avión que tienen dos milímetros mas de espacio, hasta por los chingados cacahuates rancios que ni te gustan.

Pero la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre.

Si Volaris (y las demás aerolíneas) nos trata así, es porque nosotros lo permitimos.

Ayer propuse en mi Facebook y en mi Twitter iniciar una #AcciónColectivaContraVolaris por sus abusos. Para eso se necesitan 30 firmas. No las he juntado, no obstante había muchas más de 30 personas en mi vuelo que salió casi tres horas retrasado.

Algunos me preguntaron que porque viajé en Volaris si la odio tanto y ahí está otro problema que dejaré para otra entrada.

Baste con decir que Volaris es la única que opera un vuelo directo adonde yo iba, no obstante que Aeromexico tiene autorizada la misma ruta. Aeromexico solo la opera dos meses del año, pero no la suelta.

Hay una clara falta de competencia (¿prácticas monopolísticas tipo cártel, tal vez?) en perjuicio de los usuarios.

El caso es que odio a Volaris y que aún cuando yo no la odiara todo lo que la odio, Volaris tiene todos los incentivos para odiarme y maltratarme a placer.

¿Hasta cuando?

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