Adiós, cuate. 

  
Adiós, cuate. 

Se va Chabelo. Con él se va el equilibrio del cosmos. Creo que es una señal más de que el Apocalipsis está acerca. 

No es broma. 

Hay ciertas constantes sobre las que descansa la armonía y el orden del universo: la gravedad, E=mc2, en Familia con Chabelo. 

Cuando Dios dijo —Hágase la luz—, del otro lado del cuarto se oyó una voz a la vez aguda y aguardientosa que decía —Órale, cuate. No tan brillante que me deslumbras. 

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Y ahora se va. 

A mi, mí maestra nunca me dio un beso a la salida, pues nunca jamás hice los palitos derechitos. Ni que decir del garabato colorado. Ese nunca hizo aparición en casa. Pero Chabelo si. Religiosamente. Cada domingo. 

Tuve fantasías eroticas de solo imaginar que podría ganar un día la dotación de juguetes Ara, esa que se escondía detrás de la cortina de una Katafixia y patrocinaban las jugueterías del mismo nombre. 

Sufrí con ver a cada niño que veía su bicicleta Bimex transformarse en una sala de muebles Troncoso. Mientras sus padres brincaban de alegría, se abrazaban, sonreían; su mundo se hacía trizas. 

Crecí con la certeza de que la escalera loca de Pancho Pantera me haría lo que el viento a Juárez y que el carro deslizador Avalancha sería mío. 

Nave espacial, barco pirata, bólido de carreras

Ni que decir de la dotación de Ricolino o del triciclo Apache (Duran, duran. Duran, duran. Duran, duran.). Todavía se me hace agua la boca. 

Pero eso no era todo. 

Chabelo, cuando combatió a los monstruos con Pepito, me enseñó que habían tacos de nana, de buche, de nenepil. 

Es sobrino del tío Gamboin, amigo de la Pájara Peggy, a veces nieto del Tata y bailó na na nana, na na na nana na na al ritmo de Gina Montes. 

Chabelo es parte intrínseca de mi infancia, como lo fue de la de mi padre, como lo fue de la del suyo (que, además, nació y creció en Siria), y así por generaciones y generaciones y generaciones hasta Noe que bajó del Arca y recibió saludos del señor Aguilera. 

Y ahora se va. 

Correrá con la misma suerte, el mismo destino que la Carabina de Ambrosio, el Chavo, la Popis, el Ñoño, la Chilindrina, don Ramón, Pituca, Petaca, Chiquidracula, GC, Cascarrabias, Taqueshi, Koyi, Chivigon, la Señorita Cometa, Patasverdes, Mafafa, Pitachon, Mimoso, el Ecoloco y, el Profesor Menelovsky. 

Se va Chabelo y con Chabelo se va lo que quedaba de los personajes de mi infancia. 

Después de 48 años es él el que le entra a la Katafixia y se queda con la que te asfixia, con un palo, un sarape y una patada del burro que hoy es el dueño de la pantalla. 

Adiós, Cuate. 

Aquí la despedida de Chabelo.

Abogados con la soga al cuello.

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Abogados con la soga al cuello. 

Amo mi libertad. La amo sin barreras, sin fronteras, sin límites, sin restricciones. La amo a rabiar. 

Y hoy, los pinches senadores quieren robármela.  

Bueno, no sólo los senadores, también mi querida Barra Mexicana, Colegio de Abogados.  Eso sólo hace que duela más. 

Hay en discusión una reforma constitucional que obligaría a los abogados a formar parte de un colegio o barra y los que no se inscriban o sean expulsados, no pueden ejercer su profesión. 

Los porristas de ésta pendejada (entre los que cuento algunos de mis más queridos amigos y admirados abogados, uno de ellos mi mentor de juventud) tienen buenas intenciones. Igual que el camino al infierno. 

  
Palabras más, palabras menos, dicen que la colegiación obligatoria hará a los abogados más éticos, más responsables, más capacitados y estudiosos puesto que quien no esté en capacitación constante será expulsado. También expulsaran a los no éticos, defraudadores, vendeclientes, estafadores, mafiosos y un laaaaaaaargo etcétera. 

Verás que éste arroz tiene prietitos. 

El primero es éste: ¿quién decide quién entra o no a la Barra? Ah, pues la propia Barra, en específico, su órgano de admisiones. 

Imagínate tu que la dirigencia de la barra cayera en manos mezquinas (ya ha pasado) o que consideran la abogacía como un club de Toby (que también ya ha pasado) o que simplemente creen que el negocio está muy competido. 

Ah, pues qué cómodo que puedan dejar entrar o no a quien quieran, ¿no crees?

Luego están los casos y defendidos incómodos. 

Quizás uno de los abogados más importantes en la historia de la humanidad fue Claude François Chauveau-Lagarde, defensor de María Antonieta. Cuando la reina fue ejecutada, el Comité para la Seguridad General (algo así como la SEIDO, pero en cabron) lo citó a que explicara porque la había defendido tan bien. Apenas libró el pellejo. 

Clarence Darrow, otro de mis héroes, defendió al profesor Scopes por haber enseñado la teoría de la evolución de Darwin, Sarah Weddington representó a Norma McCorvey en Roe v Wade y abrió las puertas al aborto en los Estados Unidos, Thurgood Marshall llevo el caso Brown v Board of education que destruyó la segregación en las escuelas, también en Estados Unidos. 

Los tres fueron casos incómodos. Los tres fueron hostigados por llevarlos. Luego Marshal fue ministro de la Corte, pero esa es otra historia. 

Ahora imagínate que en México alguien tuviera la tentación de que no se defendiera al Chapo, el uso de la mariguana, los matrimonios homosexuales, el aborto, a Elba Esther. 

Ya ha pasado. 

  
Cosa de preguntar cómo fue la defensa de la Quina, de Diaz Serrano, o de Jorge Castañeda para su candidatura independiente. 

Yo, que las causas y casos impopulares son el pan mío de cada día, solo de pensarlo siento ñañaras. 

¿Qué habría pasado cuando defendí a un banco contra la CFE porque la CFE quería que el banco le regresara la lana que sus propios empleados le robaron? ¿Y cuándo defendí a un banquero contra el IPAB y la CNBV para que le regresaran los activos que le robaron en la intervención? En ese hasta cambiaron después la ley para tapar los hoyos que yo había encontrado. ¿Y cuándo defendí a mi cliente al que Servimet le robó un pedazo de su terreno? ¿Y cuándo defendí a una empresa satelital contra un supuesto menoscabo que le quería cobrar la SCT?  ¿O ahora que busco que México le embargue a Corea del Norte un barco para responder del secuestro, tortura y homicidio de un activista político? ¿O de que tengo detenido el reordenamiento de la publicidad exterior en el DF para que el gobierno no le entregue el mercado a un solo participante?

Caray, ¿para qué presionar al abogado que lleva el caso si con presionar a la Barra hubieran tenido para que deje de ser abogado?  

Dirían que la Barra no se dejaría presionar, pero yo no puedo confiar el pan de mi mesa a la integridad de quién hoy se está metiendo a la cama con el Senado. Simplemente no puedo. 

Menos puedo hacerlo cuando conozco las tripas del caso. 

Hace unos años, uno de esos despachos inmensos y prestigiados asesoró a un cliente sobre cómo darle la vuelta a un contrato que tenía celebrado con su proveedor, puesto que quería empezar a distribuir el producto de la competencia. 

El prietito se dio porque, casualmente, el proveedor también era cliente de la firma. De hecho, la firma había redactado el contrato al que después dijo como darle la vuelta. 

El proveedor se encabronó, por decir lo menos. Me contrató para que presentara ante la Barra una queja formal por faltas de ética. 

¿Sabes qué pasó? ¿No? ¿Sabes de quienes hablo? ¿Tampoco? Ahí está el problema. Mi cliente finalmente se arreglo con sus exabogados y le pagaron una lana, pero la Barra no hizo pública está falta de ética ni hizo pronunciamiento alguno para advertir al público en general de contratar con ellos. 

Es decir, no hizo lo que ahora dice que hará. 

Y aquí es donde más duele. Duele porque la Barra Mexicana de Abogados es mi casa. 

Soy barrista, lo he sido siempre. Lo he sido desde antes de ser abogado, desde que como estudiante entre de aspirante a barrista. Llevo a la Barra en las venas. Mi papá ha sido el único judío en ser parte de su Consejo Directivo y antes y después de eso fue Coordinador de sus comisiones de Derecho Civil y Familiar y miembro de la Junta del Premio Nacional de Jurisprudencia. 

Yo me afilié a la Barra por que quise. Sigo siendo barrista porque quiero. Voy a las sesiones y congresos, doy conferencias y escribo artículos porque me nace y enriquece profesionalmente. No quiero hacerlo por obligación. 

Tampoco acepto que la Barra ni nadie me diga qué casos tomar, cuanto cobrar ni cómo actuar en la defensa de mi cliente. 

Basta con ver cómo son los sindicatos en México para saber cómo será la Barra. 

Así, evidentemente, no puedo estar a favor de la colegiación obligatoria. 

Su Majestad, el Bache.

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Su Majestad, el Bache.

Lo conoces.  No podrías no. Es el dueño de las calles y tu coche le rinde tributo diario.  Cuando estás de suerte, solo una vez. Generalmente, varias.  Lo cierto es que no tienes forma de escapar de sus garras.  Siempre caes.

Luego está la ansiedad que se apodera de ti, que no te deja ni respirar, que te oprime el alma.  –¿Habré dejado el carter ahí? ¿La suspensión? ¿El eje? Ojalá no pase de una ponchada de llanta.

Los metros que avanzas con estas preguntas en tu cabeza son como un rito de inicio del día, el peaje para llegar a tu destino, una cuota de cierre cuando es en el camino de regreso a casa.

Lo cierto es que no hay personaje más emblemático de la ciudad que el bache.   Es su dueño, su amo y señor, su majestad.

Es más, el bache es como Dios.  Está en todos lados y su poder destructivo es infinito. También sus presentaciones.

Los hay pequeños, esos que no pasan de un clack, clack, cuando pasas sobre ellos.  Los hay largos y poco profundos.  Los hay con el tamaño suficiente para atrapar a una de tus llantas y llevarse con ellos tu quincena. Los hay en los que cabe parado un niño, los que parecen trinchera de guerra. Los hay vampiros, esos que no importa cuantas veces o que tan seguido los tapen, regresan, siempre regresan.

Y ni qué decir de los que no son otra cosa que coladeras de drenaje a las que algún hijo de su puta madre les robó la tapa.

Por cierto, ¿podría alguien explicarme para qué chingados se roban las tapas de drenaje?  ¿Tienen un mercado secundario? ¿Cuál es su valor de reventa?  ¿Se usan de arte abstracto en la sala en algunos círculos sociales de los que no estoy al tanto? Sáquenme de ésta duda existencial.

Apenas empiezan a caer las primeras gotas de la temporada de lluvias en la ciudad y sufro.  Ya sé que las calles se convertirán en pistas de obstáculos con alto grado de dificultad y que el agua, la mala iluminación de las calles y mi pinche mala vista harán que los baches se disimulen, se camuflajen, se escondan para cazarme.

Algunos barrios han cedido la plaza, a sabiendas de que el poder del bache es infinito, de que es imposible vencerlo.  Les festejan sus cumpleaños (si, en plural, hay baches más viejos que las montañas), les plantan árboles, los marcan con llantas o postes o conos; los usan como alberca para que los niños chapoteen en días de calor, los usan para jugar a las escondidas, los usan como pista de skateboarding.

Y yo me pregunto, ¿será éste un plan macabro de las autoridades para que dejemos de usar el auto? y, si no lo es, ¿en qué se están gastando mis impuestos? ¿Dónde está mi lana?

J’accuse

 

Jean Jullien
 
J’accuse

Yo acuso a los que creen que el terror es una causa noble, a los que creen que el cobarde homicidio de inocentes es un acto de valentía y honor, a los que dejan que su odio dicte por encima de su corazón. 

Yo acuso a los padres, a las madres, a las familias enteras que glorifican a los terroristas como mártires; que enseñan a odiar desde la cuna; que desahogan y vacían en sus hijos sus frustraciones, miedos, prejuicios, rencores. 

Yo acuso a los fanáticos, a los fundamentalistas, a los que creen en la suya como la única verdad; a los que creen que esa, su verdad, los legitima para destruir al otro. 

Yo acuso a los que se han aprendido todas las plegarias y se han olvidado de Dios. 

Yo acuso a los que creen en la razón de la fuerza por encima de la fuerza de la razón. 

Yo acuso a los que creen que ser diferente es ser peligroso. 

Yo acuso a los que creen saber qué es lo que Dios quiere; más todavía a los que creen que Dios quiere que roben a otros del regalo de vida que el propio Dios les dio; más, mucho más, a los que saben que no es así y a sabiendas manipulan a los que si. 

Yo acuso al idiota, quien quiera que haya sido, que comenzó a llamar freedom fighters a los terroristas; a la prensa que repitió y repite ese nombre y glorifica luchas armadas que son por muchas cosas pero ninguna de ellas es por libertad. 

Yo acuso a los gobiernos árabes que han mantenido a su gente en la miseria, en la ignominia, en la ignorancia; que alimentan el odio y la frustración de sus masas; que les cierran los caminos al desarrollo; que patrocinan organizaciones terroristas, que les dan asilo y protección; que han puesto a sus clérigos militantes e irresponsables al mando. 

Yo acuso a los gobiernos de Europa, particularmente al de Francia, por encubar el huevo de la serpiente; por cobardes; por poner sus intereses económicos por encima de los morales; por dar asilo, armas, dinero y entrenamiento a los terroristas; por creer que mientras mataban judíos no importaba; por hacer tst tst tst cada vez que Israel se defiende o no dicen nada cuando el terror sucede ahí o en Líbano o en Siria o en Libia o en Ruanda o en Somalia o en cualquier otro lugar que no sea el suyo. 

  
Yo acuso al gobierno de Estados Unidos de lo mismo que a los Europeos y peor, de no brindar un apoyo decidido y manifiesto a su aliado más importante en el Medio Oriente; por creer que la forma de apaciguar al lobo es dándole las ovejas de sus aliados, esperando que se vaya satisfecho, a sabiendas de que no, de que regresará por más, por todas. 

Yo acuso a los activistas de buró, a los que desde la comodidad de sus smartphones pintan su foto de perfil con los colores del país atacado está semana y la próxima semana aplauden al pendejo de Roger Waters y su campaña de boicot, desinversión y sanciones y llaman a Israel un Estado criminal y discriminador. 

Yo me acuso a mi, te acuso a ti, nos acuso a todos de no hacer nada, de ser espectadores pasivos, de no condenar y obligar a nuestro gobierno a que condene a los terroristas, de no enseñar a nuestros hijos a reconocerse a sí mismos en el otro, de no decir una y mil veces que Dios no quiere sacrificios y que si los quiere entonces no es digno de ellos, que la sangre no limpia la fe pero ensucia el alma, que lo importante no es que seamos todos iguales sino diferentes, que el arcoiris tiene siete colores, que la comida tiene cinco sabores que la música tiene siete notas y que son las combinaciones de colores, sabores y notas las que hacen que la vida valga la pena ser vivida. 

Yo acuso. 

Es peligroso ser una niña bonita. 

  
Es peligroso ser una niña bonita. 

Sin duda no todas, pero si muchísimas de las mujeres guapas que conozco son tan frágiles, tan inseguras, que viven en constante peligro de ser lastimadas, golpeadas, por dentro y por fuera. 

Si no les queda el saco, no se lo pongan, no estoy hablando de ustedes así que ni se sientan.

El problema empieza desde niñas:

—Mira qué niña tan bonita eres. 

—Qué bárbara, qué guapa eres. 

—¿Ya te viste en el espejo?  Eres una muñeca. 

Ser bonita termina siendo una definición de valor. 

El problema de ese valor es que es inmerecido, accidental, subjetivo y efímero. La niña bonita sabe que no hizo nada para serlo, no se lo ganó por mérito ni esfuerzo sino por suerte genética. 

Cuando uno no tiene mano en aquello que le da valor, nunca está seguro de ese valor. 

Además, ser bonita se convierte en una llave que abre tantas puertas, que las herramientas para forjar otras llaves se aturden, se atrofian. ¿Qué necesidad tengo de ser culta o lista o sensible o buena o amable o estudiosa o __(llene aquí la virtud que quiera)__ si con ser bonita soy popular, me hacen favores, los guapos y ricos salen conmigo? Ninguna.  Entran al círculo vicioso de la frivolidad y la superficialidad. 

Y es aquí donde la puerca tuerce el rabo. 

¿Qué pasa si hay otra más bonita? Disminuye su valor. 

Estas niñas bonitas no embellecen su interior ni se fortalecen y se dan valor como seres humanos, sino como cosas bonitas. Son comodities intercambiables. También son inseguras. 

Como me hubiera gustado en la secundaria saber que ESA niña (no importa quién, siempre hay una o, como fue mi caso, hubo muchas) era tan vulnerable, tan insegura como yo y que su belleza no me apantallara ni me intimidara como lo hacía. 

Pero hay un tipo de hombre que si lo sabe y no, no siempre es el mejor. 

Todos conocemos uno así.  Es el que las lastima, les hace ver lo poco que valen, les demuestra lo fácil que es cambiarlas por otra igual o más guapa, las humilla, las golpea. Las destruye. 

Por eso trato de enseñarles a mis hijas que la belleza exterior es como las tortillas. Es bueno tenerla cuando se tiene pero no hace falta, lo importante es el guiso, el arroz, los frijoles, el aguacate, todo lo que lleva el taco. 

Creo que hay que darles las herramientas para ser personas con valor intrínseco y valor agregado. Que se sepan autosuficientes, capaces, Dueñas y responsables de su vida y destino. Esa es la vacuna contra ese tipo de tipo. Ya si, además, son bonitas van de gane. 

El Mesías de Macuspana. AMLO Resucita y anda … hacia la Presidencia

  
—Soy políticamente indestructible —dijo Andrés Manuel López Obrador a sus discípulos. Y si, al menos eso parece. Corría el mes de marzo del 2006. Era el inicio de su primera campaña formal hacia la Presidencia de la República. Todo indicaba que el primero de diciembre de ese año, sería él quien se mudaría a Los Pinos. 
No pasó. 

Se crea o no que le robaron la elección (yo soy de los que no), lo cierto es que fue Calderon y no López el que se ciñó la banda presidencial, el que se mudó a Los Pinos, el que dijo —… y si así no lo hiciera, que la Nación me lo demande—, el que se sentó en la Silla del Águila, el que dio el Grito durante seis años desde el balcón de Palacio Nacional. 

Lo mismo pasó seis años después. 

Y sin embargo se mueve. 

A lo largo de los años he llegado a la convicción de que Andres Manuel no encabeza un movimiento político. El suyo es un movimiento religioso. 

Es, para su grey, el Mesías redentor de todos los pecados de la clase política y los ciudadanos, el que habrá de expulsar a los mercachifles del templo republicano y limpiar la Patria. Es, en palabras del propio Peje, un rayo de esperanza para sus fieles. 

La similitud no es accidental. Más bien es por diseño. 

Para él, las lealtades no son institucionales sino personales. Lo mismo los programas sociales.  

“Andrés y su equipo no conocían la complejidad de la problemática social de la ciudad”, le dijo Clara Jusidman a Enrique Krauze en junio del 2006. 

Cuenta Krauze en Letras Libres que en el gobierno perredista de Cuauhtémoc Cárdenas (1997-1999), Jusidman y su equipo habían establecido las bases de una amplia red de facilitadores que procuraba atender diversas necesidades relacionadas con la ruptura del tejido social en el Distrito Federal. 

“Todo eso se desmanteló –lamentaba Jusidman–, se privilegiaron medidas sociales de relativa simplicidad pero con efectos masivos, como fue la entrega de ayudas económicas a los adultos mayores, a las madres solteras y a las familias con personas discapacitadas; o el montaje de dieciséis escuelas preparatorias y de una universidad sin requisitos de ingreso y con muy poco tiempo de planeación.” 

Para Krauze era claro que el criterio que las sustentaba era más político e ideológico que práctico y técnico. 

En el 2011 AMLO dijo que, como él, Jesucristo también fue perseguido y espiado. Hoy su partido político es Morena, en clara alusión a la Virgen de Guadalupe. En 2009 dijo que el pueblo siempre repudia el resultado de las elecciones, excepto las que le favorecen a él. 

Y funciona.

Unos les llaman Testigos del Peje. Otros Pejezombies. Lo cierto es que sus seguidores son legión.

Cuando perdió (o le robaron, según se piense) la elección del 2006, el Tabasqueño convocó a los fieles a salir a la calle, a llegar al Zócalo, a ocupar el Paseo de la Reforma. Los fieles lo siguieron. 

El plantón sobre la avenida más importante del país duró de julio hasta septiembre. Las casas de campaña y las lonas no siempre llenas, algunos días y apenas ocupadas, pero nunca vacías. 

¿De dónde salió el dinero para mantener a toda esa gente durante ese tiempo? Nadie sabe, nadie supo. Los iluminados no dan explicaciones.

El plantón fue y continúa siendo un tema polémico pero es una de las razones por las que López sigue vigente. “Si no hubiéramos tomado Reforma, no existiríamos”, dijo al periodista inglés Adam Thompson del Financial Times en agosto del 2006. 

 Muchos, entre ellos yo, creímos que el 2006 y el berrinche postelectoral era la muerte política de AMLO. La lógica era que, ya sin los reflectores, el poder y el presupuesto que daba la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, donde ahora despachaba Marcelo con sus propias aspiraciones presidenciales, el sol de Andrés Manuel se apagaría y no tendría cómo construir un proyecto viable.

Nos equivocamos.

El teatro de la presidencia legitima, con todo y aguila juarista, le dio al Peje para poder recorrer todos los municipios del país, sentar los cimientos de una organización electoral paralela al PRD e imponerse como candidato presidencial por encima de su ahijado político y natural sucesor, Marcelo Ebrard, para las elecciones del 2012. ¿Quién pompó? Campañita, ¿quién pompo? El pueblo bueno, la gente, todos, nadie. Su verdad es revelada.

Poco antes de la elección, en abril del 2012, dijo que sería inmoral que el PRI regresara a Los Pinos. Y es que así es cómo AMLO concibe la política. No como una lucha electoral en la que los electores votan y deciden sino una lucha en la que, del lado de la luz están él, sus fieles, el pueblo bueno y del lado oscuro los malos, los de siempre, los de arriba, la mafia en el poder.  

Él no tiene adversarios, tiene enemigos. Para él la negociación es imposible pues no debe uno pactar nunca con el diablo.

Perdió de nuevo y está vez por un margen suficiente para despejar dudas. Ahora si, dijimos. Ahí muere.

Nos equivocamos de nuevo.

La organización electoral paralela al PRD que formó entre el 2006 y el 2012, a la que bautizó Movimiento de Regeneración Nacional, Morena pa’ los cuates, se convirtió en el partido político que ha ido desfondando al PRD, dio al traste con el PT y es la plataforma más viable para su proyecto rumbo al 2018.

Morena, con 18 diputados locales y 5 delegaciones es ya la primera fuerza electoral del Distrito Federal y la quinta a nivel nacional (35 diputados federales, el PRI tiene 203, el PAN 108, el PRD 56, el Verde 47, el resto se dividió entre la chiquillada). Todo esto sin propaganda de casi ninguno de los que si eran candidatos. Toda la propaganda de Morena era para su líder. Él salía en los comerciales de televisión y radio, en los cárteles, en los espectaculares, en los mitines. Él, que no era candidato, ganó la elección.

Hoy, según el Reforma, López cuenta con una intención de voto del 42% para la elección presidencial del 2018. Margarita Zavala es un distante segundo lugar con 28%. 

El Peje está en la envidiable posición política en la que muy poco le hace daño, está cubierto de teflón y sus seguidores no quieren ya saber de razones, no les importan. 

Que si Ponce, su entonces secretario de finanzas, se jugaba los millones en Las Vegas, que si Bejarano, su entonces secretario particular, fue captado embolsándose tantos fajos de dólares que no cupieron en su portafolio y tuvo que meterlos en las abultadas bolsas de su saco, que si los segundos pisos fueron adjudicados a los cuates para hacer el cochinito, que si su chofer ganaba 70 mil pesos mensuales, que si su hijo es fotografiado con zapatos Prada, que si ¿de qué ha vivido los últimos nueve años?, que si en mayo del 2012 su equipo de campaña organizó un pase de charola con empresarios en las Lomas de Chapultepec para reunir 6 millones de dólares para la campaña presidencial. 

No importa. La honestidad valiente es un acto de fe. 

También lo es su compromiso con la izquierda. 

Durante su única gestión de gobierno, al frente del Distrito Federal, AMLO no respaldó una sola de las banderas tradicionales de la izquierda. ¿Matrimonios homosexuales? No. ¿Legalización de las drogas? Tampoco. Transparencia y rendición de cuentas del gasto? Menos. ¿Respeto a la disidencia, a la libertad de expresión, a ideas distintas de las suyas? ¡Cállate, Chachalaca! Su verdad es revelada y contradecirla el mayor de los pecados. 

Hasta un cómic hizo para burlarse de los que salimos a la calle a exigirle seguridad y combate a la delincuencia. En él, nos representaba a los manifestantes como jóvenes de clase alta y pelo rubio, encantados de acudir a la manifestación para estrenar ropa nueva y tomarnos una foto con los amigos. 

Que las víctimas de la delincuencia fueran mayoritariamente pobres, no importaba. Para López, la delincuencia es una función de la desigualdad y la pobreza.

Ni qué decir de la disminución de la pobreza. Al grito de ¡Primero los pobres! se hicieron millonarios negocios con los segundos pisos, el distribuidor vial, las licencias de construcción, el abasto de agua. Los plantones, el suyo y los de sus cobijados políticos, dieron al traste con el trabajo, el salario, la economía de miles de familias. Eso sí, dio pensión a los viejitos. 

José Luis Abarca, Carlos Ahumada, Manuel Bartlett, René Bejarano, Chacho García Salvidea, Carlos Ímaz (esposo de su cercana amiga y hoy delegada de Tlalpan, Claudia Sheimbaum), Julio Cesar Godoy, Gustavo Ponce, Greg Sánchez. La lista es larga y ni cosquillas le hace. 

Pocas cosas retratan el mesianismo de Andrés Manuel y su grey como los casos de linchamiento en el pueblo de Magdalena Petlacalco, el del Paraje San Juan y el de Los Encinos.

En el primero, cuando se dio el linchamiento su respuesta no fue mandar a la policía, no. El dijo “No nos metamos con las creencias de la gente.” 

Vinieron muchos linchamientos más, el más grave el de dos policías que fueron quemados en Tláhuac y que le costó a Ebrard la chamba de Secretario de Seguridad para después ser rescatado como Secretario de Desarrollo Social.

En los casos del Paraje San Juan y el de Los Encinos AMLO sacó las siguientes perlas: “Ley que no es justa no sirve. La ley es para el hombre, no el hombre para la ley. Una ley que no imparte justicia no tiene sentido” y “La Corte no puede estar por encima de la soberanía del pueblo”. 

Para él obedecer la ley es optativo. Para sus seguidores, también. A nadie parece importarle que cuando se mandan al diablo las instituciones, cuando la ley que rige es la de la selva, son los pobres los que más tienen que perder porque son los más débiles.

Algo dice de nosotros como sociedad la vigencia y supervivencia política de Andrés Manuel. Dice que todavía somos un país que anhela al caudillo. Dice que nuestras instituciones son débiles, poco creíbles, dignas de mandarse al diablo. Dice, sobre todo, que estamos hasta la madre de promesas vacías, de una clase política que entiende el servicio público como servirse de lo público y no servir al público.  

Queremos héroes, queremos ídolos para adorar aunque sus pies sean de barro, queremos un Mesías que nos salve de nosotros mismos, que aliente nuestros miedos y rencores, que nos diga que quien tiene la culpa del país que tenemos no es la persona que nos saluda en el espejo al lavarnos los dientes por la mañana, no, la culpa de todo la tiene el chupacabras, el innombrable, la mafia en el poder, los pirrurris, los de arriba, el FMI, el Banco Mundial y los Iluminati también. Todos, quien sea menos él y el pueblo bueno. 

Y allá va, un Mesías que todos daban por muerto, resucitado y andando con paso firme rumbo a la Presidencia.   

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