El Blockchain y su aplicación más común: las cryptomonedas (o Bitcoin for Dummies).

Si no has estado perdido en el fondo de una cueva sin señal de internet, seguro ya has escuchado algo sobre la tecnología conocida como Blockchain, probablemente en relación con las cryptomonedas como Altcoins, Bitcoin, Ethereum, Ripple, o alguna otra.

A lo mejor, incluso, eres de los que entiende de qué se trata, cómo funciona o para qué sirve. Caray, puede que hasta hayas hecho ya tu tarea e invertido en algún fondo o mezcla para hacerte de alguno de estos valores digitales.

Las cryptomonedas son posibles gracias al Blockchain, una tecnología que está cambiando al mundo.

Una (muy) breve historia del dinero. 

El dinero es un cuento que nos inventamos para simplificar el intercambio de bienes y servicios.

Antes de la invención del dinero, si Bartola tenía un huerto de manzanas y quería un par de huevos para desayunar, ella tenía que buscar a Casimiro, su vecino que tenía gallinas.  Al dar con Casimiro, Bartola tenía que convencerlo de intercambiar con ella huevos por manzanas.

¿Cuántas manzanas valían un huevo? ¿Qué si a Casimiro no le gustan las manzanas? ¿Pusieron suficientes huevos las gallinas de Casimiro como para darle dos a Bartola? ¿Y si Godofredo, el zapatero, también quiere dos huevos y media docena manzanas para el desayuno? Un par de zapatos de los que hace Godofredo es una mejor adquisición –o al menos una más duradera– que un par de huevos o media docena de manzanas pero, ¿cuántas veces puede Casimiro querer zapatos en el año y cuántos meses del año están buenas las manzanas de Bartola?

El dinero liberó a Bartola, Casimiro y Godofredo de estos problemas.

Los tres saben que Bartola está dispuesta a cambiar cada manzana por dos unidades, que Casimiro está dispuesto a cambiar cada huevo por diez unidades y que Godofredo está dispuesto a cambiar cada par de zapatos por cien unidades.

Originalmente las unidades eran semillas, trozos de metal, conchas de mar o piedras brillantes de colores. A éste tipo de dinero se le llama dinero en especie.

El Peso se llama Peso, justo por eso.

Había una medida de peso por cantidad de oro o plata que tenía cierto valor de intercambio por bienes y servicios. Las piezas de oro o plata eran pesadas por un auditor en el mercado para determinar si llegaban al Peso o a una fracción del Peso.

Con el tiempo, cuando las aldeas de unos cuantos se convirtieron en países de unos cuantos millones, las unidades en especie fueron remplazadas por unidades de papel.

El emisor del billete prometía al portador que, en caso de presentarse a su establecimiento, el emisor le entregaría al portador determinada cantidad de unidades en especie contra la entrega del billete que decía valer esa cantidad de unidades.

Era más fácil cargar un billete de diez pesos que esos mismos diez pesos en oro.

Como el portador tenía fe en que el emisor le entregaría la especie contra el billete, ese tipo de dinero se llamó dinero fiduciario.

Los primeros emisores eran comerciantes o bancos privados, pero fueron sustituidos por los bancos centrales u otras entidades de gobierno. Eso aumento la fe de los portadores sobre el valor de los billetes. También dio a los gobiernos el monopolio sobre el control, emisión, circulación y fluctuación del dinero.

Eventualmente, los billetes perdieron su valor de cambio fijo por la especie.  Un billete de cien pesos ya no era intercambiable por cien unidades de Peso de oro o plata, pero podía usarse para comprar tanta plata u oro como alguien mas estuviera dispuesto a vender por ese precio.

Después llegó la era del dinero digital.

Así como la gente nos inventamos el cuento de que los papeles en nuestra cartera tenían un valor intrínseco que podíamos usar para pagar bienes y servicios, ahora estamos convencidos de que los números que aparecen en nuestros monitores reflejan el dinero que tenemos en nuestras cuentas.

Desde el portal de su banco, Bartola puede mirar cuánto tiene de saldo, dar una instrucción electrónica para que el banco tome dos pesos de ese dinero y lo ponga en la cuenta del casero, la compañía de teléfono y la de la CFE.

Ellos habrán recibido un crédito a cargo de su débito, con lo que habrá pagado la renta, el teléfono y la luz. De lo que sobre, Bartola podrá agarrar para su gasto y hasta guardar el resto para echarse un alipus.

Ni Bartola ni ninguna de las personas que recibieron sus pagos vieron nunca un solo billete en éstas transacciones, mucho menos piezas de oro o plata, pero todos ellos están convencidos de que hubo una transmisión de riqueza entre los unos y los otros.

La confianza y las cryptomonedas.

Pero, ¿qué pasa si Casimiro le “rasura” un poco de oro a alguna de sus piezas o si las piezas de plata de Godofredo tenían menos plata y más hierro del que debían? ¿Qué si el banco emisor no honra el billete que se le presenta y deja de pagar la especie? ¿Y si los billetes que le han dado a Bartola con el vuelto no fueron sido realmente emitidos por el Banco Central y son falsificados? ¿Si un buen día algún virus en el servidor del banco borra todo el dinero de su cuenta?

Los denominadores comunes en estas operaciones siempre han sido dos: (1) el mito compartido entre las partes de que lo que se intercambia por bienes y servicios tiene un valor intrínseco y (2) la confianza entre las partes en un tercero intermediario que pesa el oro, mide la cantidad de plata, garantiza el valor del billete, cuida de su autenticidad, o protege los servidores.

Las cryptomonedas eliminan la necesidad del tercero y cada día se acercan más al mito de valor intrínseco, al menos algunas de ellas. Cada día hay más cosas en el “mundo real” que pueden pagarse con cryptomonedas. Éstas han dejado de ser Pancholares.

El uso de cryptomonedas proporciona un servicio único: transacciones financieras que no requieren que los gobiernos emitan divisas o bancos para procesar los pagos. Son una tecnología ingeniosa y potencialmente transformadora sobre la que se podría construir toda la economía: el equivalente monetario de internet.

Las ventajas de una cryptomoneda contra el dinero tradicional son, entre otras, que no se requiere de confianza en un actor central como puede ser el banco o el gobierno pues sus incentivos de diseño tienden a la honestidad.

Esto es así porque el Blockchain genera una versión única del tracto sucesivo de cada moneda. Cada moneda tiene su propia historia y hay total transparencia de quién era el dueño anterior, quién es el actual y la habrá cuando esa moneda sea propiedad de alguien más. En el tracto puedo leer todas las transacciones de esa moneda y de sus fracciones.

El hecho de que sea un sistema descentralizado lo hace resistente a la regulación, censura y al ataque o falsificación.

No hay un banco central o un gobierno que pueda emitir más monedas para controlar su inflación o manipular el costo de sus importaciones o exportaciones lo que le da un alto nivel de seguridad e integridad y empodera al usuario final.

Incluso países como Venezuela y Rusia están desarrollando sus propias cryptomonedas con la diferencia de que el único tenedor de su Blockchain será su banco central, aún cuando el mismo esté almacenado en diversos equipos repartidos por diferentes lugares, incluso fuera de sus propios territorios.

Tener sus propias cryptomonedas permitirá a estos países y aquellos que se les sumen darle la vuelta a las sanciones económicas que les han sido impuestas y serán un seguro en caso de ser excluidos del sistema internacional de pagos electrónicos.

El libro contable digital.

El Blockchain es, en esencia, una especie de libro contable digital almacenado simultáneamente en miles de computadoras descentralizadas y repartidas alrededor del mundo para crear registros de transacciones seguros, verificables y permanentes.

Éste libro no tiene páginas, sino bloques de información, de ahí Blockchain, el nombre de la tecnología.

Imagina un registro de transacciones (bloques) vinculados entre sí (cadena) en un libro mayor contable encriptado que no tiene un administrador centralizado.

Cada bloque contiene datos no solo sobre la transacción que se anota en el mismo, sino sobre otros datos que lo “vinculan” al bloque o eslabón anterior de la cadena.

Los eslabones de la cadena se enlazan entre sí de una manera que hace prácticamente imposible su manipulación o alteración por un agente mal intencionado a través de un algoritmo criptográfico conocido como “hash” (funciones matemáticas que transforman esencialmente los datos en el hash en una salida única de longitud fija creando una “huella única” digital de los datos subyacentes) que ordena cada bloque en el blockchain con referencia al hash del bloque anterior. Estos hashes no son fáciles de manipular, asegurando toda la cadena de bloques a medida que crece.

Cada registro es único, replicado y autentificado en una red informática y sincronizado para que todas las computadoras dónde está almacenado el Blockchain reflejen la misma información a medida que ésta se actualiza.

Una vez agregado al Blockchain, el bloque no puede ser borrado o alterado y nuevos bloques van siendo agregados después de cada bloque constantemente.

Para que un agente mal intencionado, digamos un defraudador o un falsificador pudiera modificar la información de un bloque, lo primero que tendría que hacer es hackear miles de equipos al mismo tiempo. Suponiendo que esto fuese posible, el malandro tendría que modificar no solo el bloque que quiere afectar sino cada bloque agregado a la cadena después de ese.

La seguridad es un beneficio clave, ya que los nombres de las partes se pseudonimizan, cada bloque se autentifica en toda la red antes de ser agregado a la cadena, y los registros se cifran.

Ésta es una explicación muy rudimentaria, pero el punto básico es éste: el Blockchain crea una base de datos segura  de información y registros de transacciones distribuida entre miles de computadoras en tiempo real.

Las cryptomonedas son el ejemplo más común de implementación de la tecnología Blockchain, pero de hecho, solo hemos arañado la superficie de las aplicaciones para esta tecnología fundacional.

Hay una multitud de otras aplicaciones del Blockchain que  transformarán para siempre una gran cantidad de industrias más allá del dinero.

Están, entre otros, el mercado de valores (por ejemplo, certificados de acciones digitales, registros de transacciones bursátiles), la atención médica (por ejemplo, gestión de datos médicos y facturación) y las transacciones comerciales  en general (por ejemplo, contratos “inteligentes”); pero de ellas y otras me ocuparé en otras siguientes entradas.

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