A Porfirio y MÉXICO en sus cumpleaños

Feliz cumpleaños, don Porfirio.

Gracias por la educación pública gratuita, laica, obligatoria y científica; la Escuela Naval Militar, el ferrocarril, el Museo de Historia Natural, el Museo de Arqueología, la Universidad Nacional de México, la inversión extranjera, el pago de la deuda nacional, el manejo responsable de las finanzas públicas, el telégrafo, el Ángel de la Independencia, la Castañeda, el palacio de Minería, el de Correos, el de Bellas Artes.

Hoy su lugar lo ocupa un destructor.

Dará el grito desde su balcón quien ha destruído el grado de inversión de nuestro país, la educación de calidad y medible por maestros capacitados, el crecimiento económico y la generación de riqueza para todos, el empleo formal, las estancias infantiles y refugios para mujeres, el abasto de medicinas y la capacidad de atención en nuestros institutos de salud pública, la seguridad jurídica de los contribuyentes cumplidos, el que habría sido el aeropuerto más importante de América al sur del Río Grande.

Ay, don Porfirio, hoy en su lugar tenemos a un necio que gobierna por capricho y por decreto, que no presta atención a los datos duros y que, en su soberbia, espera que sea la realidad la que se ajuste a su percepción y no al revés.

Y con todo y eso, festejamos.

Yo festejo:

Los “buenos días” que entre extraños nos deseamos en las mañanas.

La tacita de azúcar (o las tortillas o las cervezas) que regalamos a nuestros vecinos.

Agustín Lara, Caifanes, Cafe Tacvba.

El mole, los chilaquiles, los tacos.

El tequila y el mezcal.

La libertad de pensar, decir, escribir o ser lo que te venga en gana.

El amparo.

La mano amiga que se tiende lo mismo en la desgracia q en la alegría.

La cascarita de domingo en la cuadra.

El café de olla. También el de velorio con piquete.

Amado Nervo, Octavio Paz, Carlos Fuentes.

La Catedral del DF, la de Taxco, las muchas otras.

La nieve de coco en Acapulco, las jícaras con y sin tepache.

El Chavo del 8, Pedro Infante, Chabelo.

Los chistes de Pepito.

La palanqueta de nuez, la de pepita.

Rivera, Tamayo, Siqueiros, Orozco, Khalo, Varo, Cuevas, Corzas, los 2 Coronel, Macotela.

Los albures, los piropos.

El huapango. La Bamba.

Los Jarritos y las Chaparritas.

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Trino, Calderón, Abel Quezada.

Los churros sopeados en chocolate caliente.

El pan dulce.

La TV a color.

Cantinflas, Tintan, Clavillazo.

Tanto que festejar y tanto más.

¡Viva México cabrones!

Extinción de Dominio ¿En qué me afecta y qué hacer?

 

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El 9 de agosto de 2019 se publicó la nueva Ley Nacional de Extinción de Dominio. Éste es uno de los instrumentos de control con los que el gobierno pretende combatir la inseguridad y aquellos delitos que considera son los mas graves. Están los que uno esperaría: delincuencia organizada, robo de vehículos, recursos de procedencia ilícita, delitos contra la salud, secuestro, extorsión, trata de personas y están también las obsesiones particulares del nuevo régimen: corrupción, encubrimiento, recursos de procedencia ilícita, delitos en materia de hidrocarburos, petrolíferos y petroquímicos.

Dirás, con razón, que si no eres delincuente, ¿esto en qué te afecta? La respuesta debiera ser que en nada, pero puede no ser así.

Si eres arrendador de bodegas, departamentos, oficinas o locales comerciales y tienes la mala suerte de que tu inquilino se dedique a cualquiera de estas cosas, puede que el gobierno te quite tu propiedad. Serías lo que la ley llama una “Persona Afectada”.

Si tu inmueble es utilizado por tu inquilino para algunos de estos delitos y tuviste o debiste tener (según la ley) conocimiento de ello y no lo notificaste a la autoridad por cualquier medio o tampoco hiciste algo para impedirlo, el Ministerio Público puede iniciar un juicio para que pierdas los derechos de propiedad sobre esos bienes sin contraprestación, ni compensación alguna. 

Eso es, por decirlo amablemente, inconstitucional. En cualquier régimen democrático y hasta en los tiempos más dictatoriales del México post-revolucionario, si el gobierno te quitaba tus bienes estaba obligado a indemnizarte. Con ésta ley, ya no.

Lo peor es que te deja a ti la carga de probar que no eres un delincuente o cómplice de tu inquilino.

Empecemos con la obligación de notificar a la autoridad o hacer algo para impedir que tu inquilino use tu inmueble para un delito. Imaginemos que, por alguna desgracia del destino, te enteras de que tu departamento está siendo usado como casa de seguridad por un secuestrador, que en tu bodega se procesan metanfetaminas o que en el bar que renta tu local se distribuyen drogas. La ley espera que tu, si tu, ciudadano mortal, de a pie, sin nadie que lo cuide, hagas algo para impedirlo. 

Si, ajá. 

Bueno, ya no impedirlo, digamos que te haces del valor de denunciarlo.

La denuncia no puede ser anónima porque entonces no puedes demostrar que denunciaste y sigues donde mismo.

Así que, en estos tiempos tan seguros, en los que el gobierno tiene plenamente garantizada tu seguridad (es un decir) tienes que ir al Ministerio Público que, ya lo sabes, nunca está coludido con los delincuentes (también es un decir) y darle tu nombre, tu domicilio, copia de tu identificación con fotografía y decirle que tu inquilino, ese mismo que te conoce y que sabe dónde encontrarte porque ahí es donde te paga la renta, es un narco.

Si, ajá.

Ya ni qué decir de cuando tu inquilino es un funcionario público corrupto porque, aunque sus corruptelas no las haga en tu inmueble, si te paga con dinero producto de ellas, ¿qué crees? También le dan cuello a tu propiedad.

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Luego está el problema de la carga de la prueba, la presunción de inocencia y la presunción de buena fe.

Si no eres abogado, te explico: la carga de la prueba es la obligación de probar en juicio lo que uno dice. La presunción de inocencia es que todos somos inocentes de un delito hasta que la autoridad demuestre lo contrario. La presunción de buena fe es que todos nos portamos bien y somos bien intencionados hasta que se pruebe lo contrario.

En ésta ley, todo está al revés: uno tiene que probar que no sabía que su inquilino era criminal, la ley presume que eres su cómplice y asume que el dinero con el que compraste el inmueble o con el que te pagan la renta es mal habido.

Pensemos, contra todo pronostico o expectativa, que demuestras todo esto y quieres tu inmueble de regreso.

Ah, pues puede que no.

La ley permite al gobierno el vender tu inmueble antes de que se dicte sentencia en el juicio o destinarlo a algún “fin social” y, en caso de que ganes, entregarte el valor que éste tenía cuando te lo quitó, descontando sus propios gastos de administración.

Así que, ¿qué hacer?

Mi recomendación inicial es que hagas un muy buen due dilligence de tu inquilino. Hoy ya no se le puede rentar a cualquiera.

Si eres una persona o empresa dedicada al arrendamiento de inmuebles, entonces lo que necesitas es promover un amparo contra la ley. El plazo vence el 19 de septiembre.  Éste amparo no es sencillo, así que consulta con un experto. No habemos tantos.

El resultado del amparo es de pronostico reservado por el momento en que se hace valer y, tristemente, por la situación política actual de nuestro país.

La complicación de tiempos es por esto: todas las leyes son heteroaplicativas y algunas de ellas son autoaplicativas. Heteroaplicativa es cuando te impone obligaciones cuando estás en los supuestos que regula y que si no entras a esos supuestos, puede nunca serte aplicable. Autoaplicativa es cuando te impone obligaciones por su sola entrada en vigor. La diferencia es técnica, pero en esencia si la ley no es autoaplicativa, no puedes promover un amparo hasta que te la aplique la autoridad, o sea, hasta que tengas el problema encima.

Como la obligación de notificar a la autoridad o hacer algo para impedir que tu inquilino use tu inmueble para un delito es inmediata, yo considero que es autoaplicativa y puedes hacer valer tu amparo desde ya. La Corte puede determinar que estoy equivocado y decir que no, que hasta que no venga el MP a pedir que pierdas tu propiedad, no tienes derecho a ampararte.

Dependiendo de qué tan grande y valioso es tu portafolio de propiedades y tu apetito para el riesgo, debes decidir si inviertes desde ahora en proteger tu patrimonio o si prefieres apostar a que nunca tengas un problema como éste.

Como dije, consulta un experto y considera tus opciones y los costos antes de tomar una decisión.