Movilidad contra mercaderes de la protesta.

IMG_7110.JPG

—El límite de tu derecho es el mío y el limite de mi derecho es el tuyo —me respondió Santiago Corcuera hace algunas lunas cuando era mi maestro de garantías constitucionales en la Ibero.

Eran los días en que el Mosh y sus secuaces habían secuestrado la UNAM (ya ni recuerdo porqué, la neta) y mi pregunta había sido si los inconformes tenían el derecho de declarar a toda una institución en huelga y cerrar a sus compañeros las aulas.

Confieso que la respuesta no me dejo satisfecho entonces y sigue sin satisfacerme hoy.

Los derechos, creo yo, no compiten o se limitan entre sí sino que se complementan los unos a los otros y sirven de cimientos para la construcción de derechos más avanzados.

Ésta semana se aprobó en el Congreso un cambio constitucional para reconocer y preservar el derecho a la movilidad. Algunos han puesto el grito en el cielo y se han rasgado las vestiduras diciendo que es un esfuerzo autoritario por acabar con la libre manifestación hoy que el horno no está para bollos.

Son, en su mayoría, los mercaderes de la protesta, los que viven de regentear causas y agraviados, los que han hecho una profesión de calentar la plaza y presionar a gobiernos cobardes.

Los que marchamos por indignación y no por negocio sabemos que las manifestaciones no tienen porqué enfrentarse al derecho a la movilidad.

Las manifestaciones más numerosas y trascendentes que yo he visto nunca atentaron contra el derecho a la movilidad. Si, bloquearon y usaron calles, pero el objetivo era mostrar su descontento y no lastimar a nadie. No hubieron acarreados, ni encuerados, ni tortas, ni pase de lista. Hubieron, en cambio, nutridos contingentes de todos los sectores de la sociedad.

La base del edifico de los derechos humanos es el de seguridad jurídica y sus derivaciones: derecho de audiencia, de debido proceso, de legalidad, de imparcialidad del juzgador.

Sin un estado de derecho donde la ley exista, se cumpla y se haga cumplir nos enfrentamos a la ley de la selva donde manda la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón, donde los demás derechos son imposibles.

El siguiente escalón es el de las libertades básicas: la de expresión, la de imprenta, la religiosa, la de movilidad, la de asociación y libre manifestación. Son estas, las libertades, las que al regularlas en un país como el nuestro, parecen más retrocesos autoritarios que marcos de convivencia básica.

¿Debe ser irrestricta la libertad de expresión? ¿Es válido que una persona grite fuego dentro de una sala de cine que está llena y cause un pánico masivo en ésta sólo porque es libre para hacerlo?

¿Puede uno imprimir y publicar lo que quiera? ¿Qué hay del cyberbullying? ¿Puede uno afectar la vida de otra persona con verdades o mentiras deshonrosas sólo porque es libre para hacerlo?

¿Puede uno profesar cultos o religiones que atentan contra la vida? ¿Puede uno hacer un rito donde se ofrece un sacrificio humano o se lleva a cabo una violación tumultuaria sólo porque es parte de su religión y, por lo tanto, es libre para hacerlo?

¿Puede uno moverse y transitar por donde sea? ¿Entrar a lugares que son propiedad de otra persona? ¿Hacer caso omiso de las leyes y reglamentos de tránsito? ¿Invadir el carril confinado del metrobus o las líneas de cruces peatonales sólo porque es libre de moverse a donde sea?

¿Puede uno desquiciar a una ciudad entera, ocupar con mantas y carpas vacías por un año el Paseo de la Reforma, cerrar carreteras y aeropuertos, tomar universidades, secuestrar camiones sólo porque es libre de asociarse y manifestarse públicamente?

La verdad es que no lo sé.

Lo que si sé es que todas las libertades gozan de la misma importancia, que el exceso de una libertad en sacrificio de otra deja de ser libertad y se convierte en libertinaje, que si yo hago valer mi libertad de esto por encima de tu libertad de aquello sólo porque soy mas fuerte que tu rompo con el estado de derecho, que si yo rompo con el estado de derecho en ejercicio de mi libertad estoy consintiendo en que otro lo haga también, que si todos lo hacemos regresamos a la ley de la selva donde ya no hay mas libertades.

Cobardes Anónimos.

20140628-010330-3810846.jpg

Comentar un texto, mandar un correo y no poner tu nombre es una cobardía. La cobardía de no querer asumir las consecuencias de lo que dices, la cobardía de no quedar obligado por tus palabras, la cobardía de aventar la piedra y esconder la mano.

Y es que los cobardes abundan. También están destrampados.

A raíz de mi texto Homosexualidad Judía he recibido opiniones de todos los colores y sabores. Muchas de respaldo, de apoyo, de felicitación. Otras tantas de disenso, de repudio, de indignación. Todas, a favor y en contra, han sido aprobadas para publicación en el sitio y han recibido respuesta. Todas, excepto las anónimas.

El que me ha escrito para aplaudirme y no deja su nombre ha recibido un mensaje de mi parte informándole que su comentario no será aprobado si no lo firma. Lo mismo el que ha escrito para abuchearme.

Uno de mis detractores me respondió: -¿No que estabas a favor de los putos?

Le contesté que no. Yo estoy a favor de los homosexuales, de su no discriminación, de su inclusión social. Aceptarse como homosexual es un acto de valentía. De los putos, entendidos estos como los cobardes, nunca.

No supe más de Arrozyjamud. Tampoco de la mayoría de los cobardes.

Andan circulando por ahí unos correos de un tal Juan Pueblo Shami. Otro cobarde. Muy machito para pedir explicaciones, para exigir renuncias, para hacer cuestionamientos. Todo sin remitente.

¿No están orgullosos de lo que piensan? ¿Tan vergonzante es su homofobia? ¿No se supone que están luchando por la identidad, por el alma misma de la comunidad? ¿No que lo que está en juego es el futuro de nuestros hijos? ¿Entonces por qué esconderse detrás de un pseudónimo?

Si tan seguros están de su razón, levanten la mano y digan YO, firmen sus comunicados y comentarios. Si quieren discutir el tema y defender lo que piensan, si tienen el valor que da la convicción de saberse en lo correcto, digan día, lugar y hora y ahí nos vemos. Discutamos en vivo y en público, bajo la luz, ante todos.

Anden, cobardes. No se escondan.

Homosexualidad judía.

20140617-142442-51882090.jpg
Hacer lo correcto rara vez es fácil.

Requiere de valor levantar la mano y decir en voz alta a propios y extraños que la tierra se mueve alrededor del sol. La opinión popular y la postura oficial puede ser otra. Y sin embargo se mueve.

Los últimos han sido días de tormenta y desasosiego en la comunidad judía de México. Guimel, una organización que promueve la no discriminación por motivos de diversidad sexual tuvo el atrevimiento de hacer y difundir un video llamado YO TAMPOCO donde invita a no discriminar. En ese video osó participar Marcos Metta, un dirigente comunitario de ejemplar trayectoria,. Fue ahí donde la puerca torció el rabo.

¿Qué cómo es posible? ¿Qué si no sabe q la suya es una comunidad ortodoxa? ¿Qué si no sabe que la Biblia dice que la homosexualidad es una abominación? ¿Qué cómo se atreve a decir que a aquellos que son diferentes no hay que esconderlos debajo de la alfombra? Que renuncie dicen voces.

Es la actitud del avestruz.

Como comunidad no podemos excluir o discriminar a nuestros miembros porque han nacido con una preferencia distinta. Tampoco podemos pretender tapar el sol con el dedo y decir q no existen.

Si, es cierto que la Biblia dice que el sexo entre hombres -no la homosexualidad- es una abominación (Lev 18:22). También dice que comer comida no Kosher (Det 14:3), el regreso de una mujer con su primer esposo después de segundas nupcias (Det 24:4), ofrecer a Dios un sacrificio impuro (Det 17:1) y la envidia, la mentira y el chisme (Prov 3:32, 16:22); todas son abominaciones.

No veo a nadie haciendo campaña contra estas y otras abominaciones. De hecho la palabrita aparece 122 veces en la Biblia.

Tampoco veo a nadie matando a los que no respetamos Shabat (Éxodo 35:2) o a los que blasfeman constantemente (Lev 24:16) aunque la Biblia ordena que a estos últimos debía apedrearlos a muerte el pueblo entero.

No, la tormenta no tiene nada que ver con la religión. La intolerancia es la hija incestuosa del miedo y su madre la ignorancia. Tiene otros parientes, se llaman odio, discriminación, exclusión, homofobia, xenofobia, racismo, clasismo, antisemitismo. La familia es numerosa y todos se acuestan con todos.

-Mañana querrán entrar a nuestras escuelas, casar a sus hijos con los nuestros, mezclarse con nosotros -dicen los discriminadores. Si y no.

Los homosexuales no buscan conversos. Se es o no se es. No se pega, ni se enseña, ni se transmite por los ojos u oídos. Tampoco se escoge. Así cómo una pareja heterosexual puede tener un hijo homosexual, lo mismo una pareja homosexual un hijo heterosexual, bisexual, transexual o alguna otra variación de la sexualidad.

Si, quieren ser parte de nuestra comunidad. Participar de nuestra vida social, mandar a sus hijos a nuestras escuelas, mezclarse con nosotros. También quieren su espacio aparte. Que se les reconozca y se les aprecie por las personas que son y no por las personas con las que prefieren acostarse.

Yo creo que su inclusión en nuestra vida comunitaria nos beneficia y enriquece a todos. Nos permite dar el ejemplo a nuestros hijos de que ser diferente no quiere decir ser bueno o malo, sólo diferente. Que podemos tener diferencias de opinión, de religiosidad, de gustos, de color, de oportunidades, de origen, de dinero y que las diferencias son eso: diferencias, no razones para odiar, burlar, excluir.

Incluirlos en nuestra vida comunitaria es lo mismo que exigimos nosotros los judíos de aquellos que no lo son.

Los que hoy se rasgan las vestiduras en contra de Marcos y Guimel no tienen empacho en pedir su inclusión en clubes de golf y tenis, en sentarse a comer en el restaurante que quieran, en estudiar lo que su vocación les dicte en la escuela que les gusta, en trabajar, socializar y amigar con todos aquellos que son diferentes a nosotros por creer en otras cosas. ¿Qué no es lo mismo? Entonces, ¿pa que tanto brinco estando el suelo tan parejo? Es la hipocresía del hágase la voluntad de Dios pero en las mulas de mi compadre.

La diversidad no es el derecho a ser igual sino tener igual derecho a ser diferente. Bien haríamos por empezar en casa.

A %d blogueros les gusta esto: