El día de la gratitud

Ayer fue Thanksgiving en Estados Unidos. Ésta no es una festividad religiosa. Tampoco es una fecha patria. Es, sin embargo, una de las mejores costumbres que conozco. Un día al año en el que se reúnen familias y amigos en un gesto de gratitud. Si, claro, entiendo que hoy es más un tema comercial, que la gente lo aprovecha como un festivo para ver el futbol, echar unas chelas y hacer una comida/cena épica. También entiendo que casi nadie hace una pausa para reflexionar aquello sobre lo que debiera estar agradecido, mucho menos para agradecerlo.

Pero éste año es diferente en muchas casas.

Éste año la mayoría no se reunirá con nadie mas que los de su casa. La comida/cena será más modesta. Habrá futbol y chelas, pero sin la comunión de disfrutarlas en grupo. Éste año es un COVID Thanksgiving.

Y por ello es imperativo dar cuenta de nuestras bendiciones y dar gracias por ellas.

Así que empiezo por agradecer que estoy vivo, que estoy sano, y que todos mis seres queridos también están vivos, están sanos. En el 2020 esto no es poca cosa.

Agradezco la bendición de que mi esposa me elija día a día como su compañero de vida, que me abrace por las noches, que me de un beso en las mañanas. Que me ame y sienta lo tanto y mucho que la amo.

Agradezco que Dios me haya escogido como papá de mis hijas. Verlas crecer, guiarlas un trecho y acompañarlas de la mano el resto del camino es el privilegio más grande que he tenido. De todas las cosas que soy, de todas las cosas que hago, nada me gusta más que ser su papá. Ah, y ser el humano de Bolt.

Estoy agradecido de ser hijo de mis padres, hermano de mis hermanos, yerno de mis suegros, cuñado de mis cuñados, tío de mis sobrinos, amigo de mis amigos y de que todos ellos están sanos y salvos. También de lo todo y tanto que cada uno de ellos suma a mi vida, de como enriquecen mis días.

Doy gracias de tener salud, comida caliente sobre mi mesa, un techo seguro y, trabajo honesto y bien remunerado. Doy gracias de ser un hombre de bien y que la vida no me ha puesto a prueba.

Finalmente doy gracias de poder escribir éstas líneas, y todo lo que he he escrito y todo lo que quiero escribir y saber que hay quién lo lea. Muchas gracias.

Si eres pobre, no te enfermes. Lo más probable es que te mueras.

Si eres pobre durante la Cuarta Restauración, mejor no te enfermes. Ya si te enfermas, lo mejor es que sea de algo sencillo, barato, que no requiera de medicinas ni de atención médica. Si tienes la mala suerte de ser pobre y enfermarte de algo serio, algo así como cáncer o COVID, lo más seguro es que te mueras.

No habrá medicinas, ni doctores, ni material de curación. No habrá ni camas siquiera. Serás un mártir en el altar de la Austeridad Republicana, amén.

El reporte más reciente del colectivo Cero Desabasto es demoledor: El desabasto de medicamentos en pacientes oncológicos ha tenido un repunte de casos (+188%) durante el segundo cuatrimestre de 2020. El no surtimiento de medicinas es más común en las enfermedades crónicas y de mayor gravedad como diabetes, hipertensión y los males de alto costo como cáncer, VIH, epilepsia, Parkinson o insuficiencia renal.

La cosa se complica si consideramos que, según el Inegi, el año pasado 663,902 de las 747,784 personas que murieron fue por enfermedades y problemas relacionados con la salud, o sea el 88.8%. Las enfermedades del corazón, la diabetes y el cáncer fueron las tres causas más frecuentes.

El desabasto ha sido tal que, según datos del propio IMSS, uno de cada cinco pacientes se fue a su casa sin los medicamentos indicados en sus recetas. El Instituto no las tenía. Tuvieron que comprarlas en las farmacias privadas.

Así que medicinas para los pobres no hay.

Y eso antes del COVID.

México acumula más de 90 mil muertos y casi un millón de casos confirmados. Somos el 4º país con más muertes provocadas por el bicho maldito, sólo por detrás de Estados Unidos, Brasil e India, pero a decir del Presidente, vamos aplanando la curva, venciendo al virus.

El Presidente promete y asegura que cuando haya una vacuna contra el COVID habrá suficientes dosis para todos y, además, gratuitas. Si, aha. Durante éste año se dejaron de aplicar 2.8 millones de vacunas, sobre todo contra influenza, sarampión y paperas. No se aplicaron porque no había. La gente iba a sus clínicas y nada. Y esas son vacunas que existen hoy en el mercado. Imagínate el problema de adquirir, distribuir y aplicar más de 120 millones de dosis de una vacuna que todavía no existe.

De la atención médica mejor ni hablamos. No hay suficientes doctores, enfermeras, camilleros ni personal de atención en el sector salud. No lo hay porque los despidieron o se murieron. Tan solo en 2019, antes de la pandemia, el IMSS corrió a 741 médicos y enfermeras que laboraban por honorarios. Réstale los 1,885 miembros del personal médico que han caído en la línea de batalla contra el COVID.

Diría cualquier merolico del poder que lo que pasa es que no hay dinero y que el que hay se ha ido por el caño de la corrupción, pero no es cierto. Dinero hay y se ha ido por el caño de los caprichos presidenciales.

A estas alturas del año pasado el IMSS tenía un subejercicio de 21 mil millones de pesos. Ese dinero se tenía presupuestado para medicinas, material de curación y, equipo médico. 21 mil millones que no se gastaron en el sector salud y que fueron a dar adonde el Presidente haya ordenado: el Tren Maya, Dos Bocas, Santa Necia; ve tu a saber.

Y todo esto es en el sector formal. En el sector informal se pone peor.

Quien trabaja en la economía informal vive al día. Si hoy no sales a vender, hoy no comes. Por mejor administrado que seas, tus ahorros te servirán de poco. Tarde o temprano habrá que salir a la calle. Ese es el dilema de casi el 60% de la fuerza laboral nacional.

Para estos pobres no hay seguridad social, ni incapacidades médicas, ni indemnización por despido. Los informales que se enferman no solo dejan de ganar el sustento diario de sus familias sino que tienen que pagar 387 pesos diarios por cama en el Insabi en vez de los 87 que les cobraban con el Seguro Popular; una consulta, antes gratuita, ahora les cuesta de 400 a 500 pesos.

La salud de los pobres es un problema que a López le tiene sin cuidado. Esos pobres pobres a los que tan caro les sale ser pobres son los mártires a sacrificar en el altar de la Cuarta Restauración.

Por eso, si eres pobre, no te enfermes.

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Por qué López no reconoce a Biden y por qué no pasa nada.

Pocas cosas retratan a Andrés Manuel López Obrador tan de nítidamente como su “Al diablo con las instituciones”. Él siempre ha visto el conocimiento con la sospecha y el desprecio del ignorante. De ahí su desdén a la ciencia, la cultura, el arte. De ahí su rabia patológica contra los organismos autónomos, los tecnócratas y las instituciones creadas por estos para ejercer el poder de acuerdo con mediciones, criterios técnicos y entrega de resultados.

Para López el poder se ejerce de forma personalísima desde el soberano hacia los súbditos. Por eso equipara a los pobres con animales de crianza a los que hay que cuidar y por eso también ha eliminado todos los programas de asistencia social con criterios de operación para convertirse en el gran benefactor del pueblo a través de dádivas directas.

López no cree en las relaciones institucionales. Lo suyo, lo suyo, lo suyo son las relaciones personales y todas, absolutamente todas sus relaciones personales empiezan y terminan en él.

Por eso no felicita a Joe Biden por su triunfo electoral.

López cree que tiene una relación personal con Trump. Si ésta existe en realidad o en su cabecita de algodón es otra cosa. El punto es que él cree que la tiene.

Porque la tiene es que fue a darle un empujóncito con los latinos en su campaña y es también la razón por la que no felicita a Biden por haberle ganado a su cuate Donald.

Eso y su cantaleta del fraude del 2006.

Otra vez, si en realidad hubo fraude electoral o solo existió en su cabecita de algodón es otra cosa (no lo hubo). El punto es que él cree que lo hubo y como él cree que hubo fraude electoral en su contra y su cuate Donald dice que fue también víctima del fraude (tampoco hubo fraude), ah pues entonces ni modo de reconocerle a Biden un triunfo robado.

Si a eso le suma uno que los que le “robaron” a Trump la presidencia son las “elites”, los “tecnocrátas”, que además son amigos de Calderon, Meade, y toda la Mafia del Poder que se la pasó chingandolo durante 20 años, pues … no hay manera.

A López le tiene sin cuidado que Joe Biden se moleste o no con él. Como nuestro Tlatoani que es, sus simpatías, filias, fobias o antipatías tienen que ser las nuestras y si sufre la relación bilateral entre México y Estados Unidos, pues lástima por la relación bilateral. Al fin y al cabo, estos gringos que quieren que se respeten sus inversiones en nuestro país, ¿quién se creen?

Afortunadamente para México, Joe Biden no es Donald Trump, ni Andrés López.

Su llegada a la Presidencia es un regreso a la normalidad de los pesos y contrapresos, al uso de la técnica, la ley y la razón como sistema de gobierno y a las relaciones internacionales entre instituciones y no entre personas.

Joe Biden, a diferencia de Andrés López, sabe que México es el principal socio comercial de los Estados Unidos, que comparten una de las fronteras más largas del mundo, que nuestras cadenas productivas están entrelazadas, que lo que suceda  de un lado del Río Bravo tiene efectos  del otro lado.

Una vez un reportero pregunto a John F. Kennedy porque se peinaba meticulosamente antes de bajar del avión presidencial. Su respuesta fue —Porque cuando yo salgo de este avión, no es Jack Kennedy el que baja la escalera, son los Estados Unidos de América.

Esto Joe Biden lo entiende bien.

A partir del 20 de enero, cuando él dice o hace algo, quien lo dice, quien lo hace, son los Estados Unidos de América, no Joe Biden. Las simpatías, filias, fobias o antipatías de Joe Biden se quedan en la puerta dela Oficina Oval y en sus tratos con López, estará tratando con México, no con su presidente.

Así que tranquilos.

El desplante de hoy no vendrá acompañado de un castigo mañana.

Pero eso si, si el gobierno de México cree que el gobierno de los Estados Unidos seguirá cerrando los ojos a los desplantes autoritarios y a las violaciones a leyes, tratados internacionales y derechos humanos que han sido el sello de la casa durante la Cuarta Restauración, entonces si va a topar con pared. Ya no estará su cuate Donald despachando en la Casa Blanca, sino el Presidente de los Estados Unidos de América.

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