Es peligroso ser una niña bonita. 

Sin duda no todas, pero si muchísimas de las mujeres guapas que conozco son tan frágiles, tan inseguras, que viven en constante peligro de ser lastimadas, golpeadas, por dentro y por fuera. 

Si no les queda el saco, no se lo pongan, no estoy hablando de ustedes así que ni se sientan.

El problema empieza desde niñas:

—Mira qué niña tan bonita eres. 

—Qué bárbara, qué guapa eres. 

—¿Ya te viste en el espejo?  Eres una muñeca. 

Ser bonita termina siendo una definición de valor. 

El problema de ese valor es que es inmerecido, accidental, subjetivo y efímero. La niña bonita sabe que no hizo nada para serlo, no se lo ganó por mérito ni esfuerzo sino por suerte genética. 

Cuando uno no tiene mano en aquello que le da valor, nunca está seguro de ese valor. 

Además, ser bonita se convierte en una llave que abre tantas puertas, que las herramientas para forjar otras llaves se aturden, se atrofian. ¿Qué necesidad tengo de ser culta o lista o sensible o buena o amable o estudiosa o __(llene aquí la virtud que quiera)__ si con ser bonita soy popular, me hacen favores, los guapos y ricos salen conmigo? Ninguna.  Entran al círculo vicioso de la frivolidad y la superficialidad. 

Y es aquí donde la puerca tuerce el rabo. 

¿Qué pasa si hay otra más bonita? Disminuye su valor. 

Estas niñas bonitas no embellecen su interior ni se fortalecen y se dan valor como seres humanos, sino como cosas bonitas. Son comodities intercambiables. También son inseguras. 

Como me hubiera gustado en la secundaria saber que ESA niña (no importa quién, siempre hay una o, como fue mi caso, hubo muchas) era tan vulnerable, tan insegura como yo y que su belleza no me apantallara ni me intimidara como lo hacía. 

Pero hay un tipo de hombre que si lo sabe y no, no siempre es el mejor. 

Todos conocemos uno así.  Es el que las lastima, les hace ver lo poco que valen, les demuestra lo fácil que es cambiarlas por otra igual o más guapa, las humilla, las golpea. Las destruye. 

Por eso trato de enseñarles a mis hijas que la belleza exterior es como las tortillas. Es bueno tenerla cuando se tiene pero no hace falta, lo importante es el guiso, el arroz, los frijoles, el aguacate, todo lo que lleva el taco. 

Creo que hay que darles las herramientas para ser personas con valor intrínseco y valor agregado. Que se sepan autosuficientes, capaces, Dueñas y responsables de su vida y destino. Esa es la vacuna contra ese tipo de tipo. Ya si, además, son bonitas van de gane. 

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Sobre el Autor Alberto Mansur

Abogado litigante en derecho mercantil y civil. Llevo pleitos de negocios. Autor de #LoQueMataNoEsLaBala. Dueño del #PrietitoEnElArroz. Lavo y plancho ajeno.