A Porfirio y MÉXICO en sus cumpleaños

Feliz cumpleaños, don Porfirio.

Gracias por la educación pública gratuita, laica, obligatoria y científica; la Escuela Naval Militar, el ferrocarril, el Museo de Historia Natural, el Museo de Arqueología, la Universidad Nacional de México, la inversión extranjera, el pago de la deuda nacional, el manejo responsable de las finanzas públicas, el telégrafo, el Ángel de la Independencia, la Castañeda, el palacio de Minería, el de Correos, el de Bellas Artes.

Hoy su lugar lo ocupa un destructor.

Dará el grito desde su balcón quien ha destruído el grado de inversión de nuestro país, la educación de calidad y medible por maestros capacitados, el crecimiento económico y la generación de riqueza para todos, el empleo formal, las estancias infantiles y refugios para mujeres, el abasto de medicinas y la capacidad de atención en nuestros institutos de salud pública, la seguridad jurídica de los contribuyentes cumplidos, el que habría sido el aeropuerto más importante de América al sur del Río Grande.

Ay, don Porfirio, hoy en su lugar tenemos a un necio que gobierna por capricho y por decreto, que no presta atención a los datos duros y que, en su soberbia, espera que sea la realidad la que se ajuste a su percepción y no al revés.

Y con todo y eso, festejamos.

Yo festejo:

Los “buenos días” que entre extraños nos deseamos en las mañanas.

La tacita de azúcar (o las tortillas o las cervezas) que regalamos a nuestros vecinos.

Agustín Lara, Caifanes, Cafe Tacvba.

El mole, los chilaquiles, los tacos.

El tequila y el mezcal.

La libertad de pensar, decir, escribir o ser lo que te venga en gana.

El amparo.

La mano amiga que se tiende lo mismo en la desgracia q en la alegría.

La cascarita de domingo en la cuadra.

El café de olla. También el de velorio con piquete.

Amado Nervo, Octavio Paz, Carlos Fuentes.

La Catedral del DF, la de Taxco, las muchas otras.

La nieve de coco en Acapulco, las jícaras con y sin tepache.

El Chavo del 8, Pedro Infante, Chabelo.

Los chistes de Pepito.

La palanqueta de nuez, la de pepita.

Rivera, Tamayo, Siqueiros, Orozco, Khalo, Varo, Cuevas, Corzas, los 2 Coronel, Macotela.

Los albures, los piropos.

El huapango. La Bamba.

Los Jarritos y las Chaparritas.

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Trino, Calderón, Abel Quezada.

Los churros sopeados en chocolate caliente.

El pan dulce.

La TV a color.

Cantinflas, Tintan, Clavillazo.

Tanto que festejar y tanto más.

¡Viva México cabrones!

Extinción de Dominio ¿En qué me afecta y qué hacer?

 

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El 9 de agosto de 2019 se publicó la nueva Ley Nacional de Extinción de Dominio. Éste es uno de los instrumentos de control con los que el gobierno pretende combatir la inseguridad y aquellos delitos que considera son los mas graves. Están los que uno esperaría: delincuencia organizada, robo de vehículos, recursos de procedencia ilícita, delitos contra la salud, secuestro, extorsión, trata de personas y están también las obsesiones particulares del nuevo régimen: corrupción, encubrimiento, recursos de procedencia ilícita, delitos en materia de hidrocarburos, petrolíferos y petroquímicos.

Dirás, con razón, que si no eres delincuente, ¿esto en qué te afecta? La respuesta debiera ser que en nada, pero puede no ser así.

Si eres arrendador de bodegas, departamentos, oficinas o locales comerciales y tienes la mala suerte de que tu inquilino se dedique a cualquiera de estas cosas, puede que el gobierno te quite tu propiedad. Serías lo que la ley llama una “Persona Afectada”.

Si tu inmueble es utilizado por tu inquilino para algunos de estos delitos y tuviste o debiste tener (según la ley) conocimiento de ello y no lo notificaste a la autoridad por cualquier medio o tampoco hiciste algo para impedirlo, el Ministerio Público puede iniciar un juicio para que pierdas los derechos de propiedad sobre esos bienes sin contraprestación, ni compensación alguna. 

Eso es, por decirlo amablemente, inconstitucional. En cualquier régimen democrático y hasta en los tiempos más dictatoriales del México post-revolucionario, si el gobierno te quitaba tus bienes estaba obligado a indemnizarte. Con ésta ley, ya no.

Lo peor es que te deja a ti la carga de probar que no eres un delincuente o cómplice de tu inquilino.

Empecemos con la obligación de notificar a la autoridad o hacer algo para impedir que tu inquilino use tu inmueble para un delito. Imaginemos que, por alguna desgracia del destino, te enteras de que tu departamento está siendo usado como casa de seguridad por un secuestrador, que en tu bodega se procesan metanfetaminas o que en el bar que renta tu local se distribuyen drogas. La ley espera que tu, si tu, ciudadano mortal, de a pie, sin nadie que lo cuide, hagas algo para impedirlo. 

Si, ajá. 

Bueno, ya no impedirlo, digamos que te haces del valor de denunciarlo.

La denuncia no puede ser anónima porque entonces no puedes demostrar que denunciaste y sigues donde mismo.

Así que, en estos tiempos tan seguros, en los que el gobierno tiene plenamente garantizada tu seguridad (es un decir) tienes que ir al Ministerio Público que, ya lo sabes, nunca está coludido con los delincuentes (también es un decir) y darle tu nombre, tu domicilio, copia de tu identificación con fotografía y decirle que tu inquilino, ese mismo que te conoce y que sabe dónde encontrarte porque ahí es donde te paga la renta, es un narco.

Si, ajá.

Ya ni qué decir de cuando tu inquilino es un funcionario público corrupto porque, aunque sus corruptelas no las haga en tu inmueble, si te paga con dinero producto de ellas, ¿qué crees? También le dan cuello a tu propiedad.

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Luego está el problema de la carga de la prueba, la presunción de inocencia y la presunción de buena fe.

Si no eres abogado, te explico: la carga de la prueba es la obligación de probar en juicio lo que uno dice. La presunción de inocencia es que todos somos inocentes de un delito hasta que la autoridad demuestre lo contrario. La presunción de buena fe es que todos nos portamos bien y somos bien intencionados hasta que se pruebe lo contrario.

En ésta ley, todo está al revés: uno tiene que probar que no sabía que su inquilino era criminal, la ley presume que eres su cómplice y asume que el dinero con el que compraste el inmueble o con el que te pagan la renta es mal habido.

Pensemos, contra todo pronostico o expectativa, que demuestras todo esto y quieres tu inmueble de regreso.

Ah, pues puede que no.

La ley permite al gobierno el vender tu inmueble antes de que se dicte sentencia en el juicio o destinarlo a algún “fin social” y, en caso de que ganes, entregarte el valor que éste tenía cuando te lo quitó, descontando sus propios gastos de administración.

Así que, ¿qué hacer?

Mi recomendación inicial es que hagas un muy buen due dilligence de tu inquilino. Hoy ya no se le puede rentar a cualquiera.

Si eres una persona o empresa dedicada al arrendamiento de inmuebles, entonces lo que necesitas es promover un amparo contra la ley. El plazo vence el 19 de septiembre.  Éste amparo no es sencillo, así que consulta con un experto. No habemos tantos.

El resultado del amparo es de pronostico reservado por el momento en que se hace valer y, tristemente, por la situación política actual de nuestro país.

La complicación de tiempos es por esto: todas las leyes son heteroaplicativas y algunas de ellas son autoaplicativas. Heteroaplicativa es cuando te impone obligaciones cuando estás en los supuestos que regula y que si no entras a esos supuestos, puede nunca serte aplicable. Autoaplicativa es cuando te impone obligaciones por su sola entrada en vigor. La diferencia es técnica, pero en esencia si la ley no es autoaplicativa, no puedes promover un amparo hasta que te la aplique la autoridad, o sea, hasta que tengas el problema encima.

Como la obligación de notificar a la autoridad o hacer algo para impedir que tu inquilino use tu inmueble para un delito es inmediata, yo considero que es autoaplicativa y puedes hacer valer tu amparo desde ya. La Corte puede determinar que estoy equivocado y decir que no, que hasta que no venga el MP a pedir que pierdas tu propiedad, no tienes derecho a ampararte.

Dependiendo de qué tan grande y valioso es tu portafolio de propiedades y tu apetito para el riesgo, debes decidir si inviertes desde ahora en proteger tu patrimonio o si prefieres apostar a que nunca tengas un problema como éste.

Como dije, consulta un experto y considera tus opciones y los costos antes de tomar una decisión.

AMLO es un cobarde.

Con todo respeto, López es un cobarde. A las cosas y personas hay que llamarlas por su nombre.

Cobarde. – Persona que siente miedo ante situaciones difíciles o muestra falta de valor para emprender acciones peligrosas o que conllevan cierto riesgo

A López le falta valor para tomar decisiones difíciles y para emprender acciones que conllevan cierto riesgo.

Le falta, por ejemplo, valor para admitir que se equivocó en algo, en lo que sea.

Imaginemos, como el Chicharito, cosas chingonas:

—Ciudadanos, me equivoqué. Me equivoqué sobre el aeropuerto, el tren y la refinería. No tenía los datos técnicos suficientes y me equivoqué. Vamos a rectificar.

—Ciudadanos, me equivoqué. Me equivoqué sobre las estancias infantiles y los refugios para mujeres en situación de violencia. Las madres trabajadoras y las mujeres golpeadas tienen que tener lugares seguros donde llegar. Vamos a rectificar.

—Ciudadanos, me equivoqué. Me equivoqué sobre el desabasto de medicinas. Me equivoqué y asumo la responsabilidad de la muerte de Mariana, la niña de 7 años que murió por falta de medicinas. Vamos a rectificar.

Pero no. López es infalible. Es un cobarde que no tiene los huevos de admitir un error y de rectificar el rumbo.

López no tiene el valor de enfrentar sus responsabilidades, todo es siempre culpa de algún interés oscuro, nunca de él.

El ejemplo más ruin de su cobardía es el exigir que las enfermeras o doctores (a los que les retrasa el pago de su sueldo y que hoy ganan menos que sus ninis) compren para sus pacientes medicinas de 35 mil pesos que su gobierno no compra.

Aquí el video.

Para López la responsabilidad de la muerte de Mariana, esa niña de 7 años ¡es de las enfermeras y doctores que no pagaron la medicina y no de su gobierno que no la compró! ¿Se puede ser más cobarde que eso?

No, señor Presidente. Así no.

Los ciudadanos sabemos en qué sociedad vivimos, una sociedad en la que siempre, SIEMPRE, se ayudan los unos a los otros. Lo que estamos viendo es el tipo de Gobierno que tenemos: el peor, irresponsable, cobarde.

No hay que buscar más culpables de la muerte de Mariana o de tantos pacientes: fueron López y sus funcionarios cobardes e ineficientes como Jorge Alcocer, Secretario de Salud, que dijo que no importaba si un niño no recibía el medicamento en la hora y día previsto, que podían esperar.

Ah, y del narco mejor ni hablamos. A López le da miedo hasta nombrarlos, ya no digamos combatirlos.

De gira por Oaxaca, López fue interceptado por un grupo de pobladores que le pidieron enviara al Ejército para detener los altos índices de violencia en el estado.

—No se dialoga con los agresores. Se garantiza un derecho inmediato. Manden al Ejército inmediatamente. No tenemos armas—, dijo desesperado un poblador.

—El Ejército no se usa para reprimir al pueblo—, respondió López.

—¡Carajo!, ¿el narco es pueblo?

—Sí, es pueblo, todos son seres humanos—, dijo López.

Aquí el video

Lo dicho: López es un cobarde.

De traidores y traiciones.

La traición es un plato que solo puede servirse en casa, por los de casa, para los de casa. Es un guiso cuyo ingrediente principal es el deber de lealtad no cumplido.

El enemigo no traiciona, actúa conforme a sus propias lealtades y estas no incluyen a su enemigo.

Por eso es que el delito de traición a la patria es solo para los nacionales. Los extranjeros pueden ser saboteadores, espías, terroristas; nunca traidores.

Hay tres tipos de traidores, cada uno más vil que el anterior:

Los hay que traicionan por convicción a una causa como el grupo de militares que intentó matar a Hitler para poder terminar la guerra y salvar a su país de la ruina y la derrota, como Mosab Hassan Yousef, hijo del fundador de Hamas, que espió contra su padre y sus amigos porque estaba convencido de que el terror no era el camino hacia la paz.

Los hay que lo hacen a cambio de una ganancia como el abogado que vende a su cliente, el que le roba a sus socios, el empleado que obtiene una comisión de lo que compra la empresa, el que se da a la novia de su amigo.

Y los hay traidores que ni por lo uno ni por lo otro, que lo son por el gusto, porque su mamá nunca se dio el tiempo de enseñarles el valor de la lealtad.

¿Y la lealtad hacia el traidor? No lo sé. Yo creo que la traición ajena no justifica la propia, que la lealtad está en uno, viene de uno, es por el bien de uno. Hasta el traidor tiene derecho a un juicio justo, a no ser fusilado en el acto.

A propósito de su fábula Cincuenta liberales ciegos, envié por tuit a la gran Sabina Berman el texto Liberalism is the most successful idea of the past 400 years publicado por The Economist como respuesta al libro Why Liberalism Failed de Patrick Deneen.

No voy a reseñar el libro de Deneen ni resumir los artículos del Economist y Sabina. Ahí están los vínculos, échales un lente.

Sabina generosamente respondió a mi tuit y, con el genio de siempre, dio con el punto flaco del liberalismo: la traición de los que se dicen liberales.

Y tiene razón.

Lo que está matando al liberalismo y a las democracias liberales es la traición.

No es solo que la igualdad de oportunidades ha producido una nueva aristocracia meritocrática, ni que los avances tecnológicos están reduciendo cada vez más áreas de trabajo en trabajos pesados sin sentido, ni que la democracia ha degenerado en un teatro del absurdo en el que los pueblos votan por gobernantes autoritarios.

No. El problema es la traición.

Traición como la que estamos viviendo en México.

Al grito de Primero los Pobres, los pobres se han ido quedando sin gasolina, sin seguro popular, sin medicinas, camas en hospitales, doctores; sin estancias infantiles, ni libros de texto gratuitos, ni tratamientos para cáncer, ni refugios para mujeres, ni antiretrovirales para el tratamiento de HIV; sin Prospera, ni becas para estudiar en el extranjero, ni investigación científica de calidad; sin Arieles, ni Diosas de Plata, ni estímulos para el cine mexicano; sin una agencia de noticias imparcial que no sea un órgano de propaganda del Estado; sin energías limpias y renovables; sin aumentos reales en salario y poder adquisitivo, ni bajas tasas de interés, ni educación de calidad impartida por maestros capacitados y evaluados; sin elecciones confiables, sin abrazos, con balazos.

Todas estas han sido banderas de la izquierda liberal; todas han sido traicionadas.

A cambio tenemos 500 millones para el béisbol, la primera piedra de una refinería que es obsoleta desde antes de nacer, un sistema de aeropuertos múltiples que (si acaso) va a llegar a su potencial en el 2069, un tren que arrasará con la biosfera y las comunidades indígenas a su paso, una red de beneficiarios clientelares contada, censada y administrada por los Siervos de la Nación militantes del partido en el poder, adjudicaciones millonarias opacas, directas a los cuates de confianza.

Todas estas prácticas han sido el enemigo histórico de la izquierda liberal; el enemigo que creíamos vencido.

Tiene razón Sabina. El problema es la traición.

Fui Garfio, y fue maravilloso.

Empezó, como todo lo mejor en mi vida, como idea de Debbie:

—Al, creo que éste año deberíamos participar en la obra de la escuela.

Fuimos a una junta porque estamos en esa edad de la vida en que toda aventura requiere de una junta previa, después a las audiciones.

En un chico rato éramos ya dos de los 76 papás (algunos, yo por ejemplo, también papas) que habríamos de bailar, cantar y actuar.

La obra de padres en nuestra escuela es algo serio. Muy. Serio.

Empieza mucho antes de que los participantes seamos convocados:

  1. Se reúnen Alice, Beto, Estrella y Eduardo, los mártires del comité de padres, con más de un año de anticipación.
  2. Deciden el tema.
  3. Convencen a Shimi de que vuelva a dirigir (lleva 5, todas han sido la última).
  4. Fredel abre esa caja de talento que lleva sobre los hombros y escribe un guion sobre cómo los cuentos e historias clásicos deben o no permanecer vigentes en la era digital.
  5. Raquel toma la música de los Beatles y con ella hace magia para darnos nuevas letras que podamos bailar y cantar en el contexto de la historia.
  6. Ariela cierra los ojos e imagina cómo se verían Baryshnikov, Anna Palova, Michael Jackson y Ginger Rogers ejecutando los pasos de baile que le dicta la música. La materia prima con la que acaba trabajando … digamos que no está a ese nivel.
  7. Reclutan al dúo dinámico teatral que son Ruth y Daniel como domadora de dragones (directora de escena) y hacedor de milagros (productor).
  8. Recurren al aguja e hilo encantados de Francis (y sus voluntarias) para asegurarse de que el vestuario esté tan picudo que no lo tenga ni Obama.
  9. Le dan manga ancha a Mónica (y sus voluntarias) para que con sus colores y formas dé vida al mundo donde habremos de habitar durante la función.

Ya después nos convocan.

Los que decidimos participar tenemos que, casi casi, firmar con sangre en un pergamino que no habrá martes ni jueves durante cinco meses en el que faltaremos a un ensayo.

Digo casi casi porque durante esos cinco meses los únicos días en que no faltó ninguno fueron los 3 que dimos función. Unos faltamos dos o tres veces, otros menos, como cinco.

Se armó un grupo increíble, mucha buena vibra, muchas ganas, risas, bromas.

Todo era felicidad en mi hasta que fui informado de que tenía yo que bailar cinco coreografías.

Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo pero para mi es más fácil contestar dos demandas, apelar una sentencia y formular un amparo, todo en un día, que seguir una coreografía durante tres minutos.

Mi cabeza dice —Pié derecho. Pié derecho. Pié derecho.

Mi cuerpo dice —Jódete —y mueve el pié izquierdo.

Y así todo.

Para colmo el banquito.

En una de esas obras maestras de Ariela tuve que subir, bajar, sentar y bailar sobre un banquito de madera en el que lo menos que peligraba eran mi vida y dignidad, en ese orden. Que no me haya caído y partido el cráneo delante de los niños, causándoles un trauma o una fascinación por lo macabro para toda la vida es una de esas misteriosas bendiciones del Señor, amén.

Afortunadamente en todas esas vicisitudes estuve rodeado por Jaquie, Jenny y Anat que con una generosidad infinita y una paciencia de santas me dictaron (y a veces me empujaron) cada paso durante cada canción de cada día, desde el primer ensayo hasta la última función. Con todo, seguí haciendo la vuelta al lado equivocado hasta el final.

El llamado a los ensayos era a las 20:45. Si, ajá.

Empezábamos por ahí de las 21:30 y terminábamos como a las 00:30.

Nos montaban las coreografías mientras, de a poco, cuando y como se podía, Ruth nos daba a los que íbamos a actuar nuestras líneas y practicábamos nuestras escenas.

Yo fui el Capitán Garfio y fue maravilloso.

Vestí un abrigo rojo de ciertopelo (de terciopelo no había), botas, garfio de plástico y una larga peluca negra, rizada, lustrosa que se contagió de mi calvicie y cada puesta iba perdiendo pelo. Sombrero no, porque James Hook no lo usaba en el libro, solo en la película.

Conforme avanzaban los ensayos la obra iba cobrando vida, costando sueño, pagando risas.

Conocí a personas con las que había convivido antes y nunca antes conocido. Hice amigos entrañables para toda la vida.

Descubrí, siempre, manos solidarias que a todos tendieron la mano para explicarles un paso complejo, para repasar sus líneas de diálogo, para prestar prendas para un vestuario y, claro, para enfriar y repartir tequila el día de la función.

Cuando firmamos el pacto de sangre Debbie y yo no sabíamos que éste sería nuestro último año en la escuela. En el camino tomamos decisiones de vida que nos llevarán lejos de aquí.

La obra ha sido el broche de oro con el que cerramos una de las mejores etapas de nuestra vida.

Cada vez que empezaba el video antes de la función sentía el ojo Remy. Para cuando salía la frase “Si vieras a mi escuela como yo la veo … sabrías porque sonrío todos los días”, estaba yo con las lágrimas rodando y el sollozo en la garganta. Hoy, al escribir estas líneas, me pasa de nuevo.

Gracias. Gracias a todos y cada uno de ustedes, por tanto, por todo.

¡Ahoy!

Andrés Manuel de Macuspana, Primero de Su Nombre, Rey de los Mexicanos.

Ayer López rompió la caja, quemó lo que quedaba de la República, dio el tiro de gracia al orden constitucional y la división de poderes.

Alabado sea su majestad Andrés Manuel de Macuspana, Primero de Su Nombre, Rey de los Mexicanos y de los Pueblos Originarios, Señor de los 32 Estados y Protector de la Nación.

Nuestro monarca firmó un edicto real (memorándum, le llamó) en el que instruyó a sus súbditos y ministros hacer caso omiso de la Constitución. Ésta, desde ahora, es solo un compendio de sugerencias y buenos deseos, así como su Constitución Moral. La Ley Fundamental de nuestro país es y será su Soberana Voluntad; lo que se le hinchen los huevos, pues.

La orden real no tiene desperdicio. Aquí la inserto completa:

Desmenucemos:

Nuestra Alteza Serenísima del Ganso Cansado empieza, como siempre, echándole la culpa de todo a sus chivos expiatorios favoritos: los neoliberales, los extranjeros, los de arriba, la mafia en el poder, el pasado.

Después miente.  Dice que la reforma educativa no ha mejorado la calidad de la educación en el país, cuando todos los indicadores y mediciones objetivas demuestran lo contrario. Él, como es su costumbre real, tiene otros datos.

Se queja Nuestro Señor de que “este conjunto de modificaciones legales (fue) impuesto mediante actitudes autoritarias y recurriendo a campañas de descrédito” y procede a hacer justamente eso: dar un manotazo autoritario y recurrir a una campaña de descrédito.

George Orwell estaría orgulloso, me cae.

Nos aclara a los súbditos que, si bien todos somos iguales, hay unos más iguales que otros. Los menos iguales de los iguales son los maistros de la CNTE.

Nos hace saber que, como no le alcanzan los votos en el Congreso para hacer lo que le da su regalada gana, entonces de todas formas va a hacer su regalada gana porque ni modo de que no lo haga.

Él no es el florero. Él es quien manda aquí. Faltaba más.

Remata su edicto citando a San Benito de Juárez “nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho” dice al cierre. Nos recuerda así que a ese prócer de la Patria nada le importaba más que el derecho y la ley, excepto el acabar con sus enemigos. Maximiliano y Miramon murieron fusilados, ¿sabía usted?

La otra máxima de San Benito de Juárez era: “No te metas con mi cucú o te parto la madre“, mejor conocida por su versión para toda familia: “El respeto al derecho ajeno es la paz“.

En toda, TODA, la historia del PRIAN nunca ningún Presidente tuvo el descaro de emitir un memorándum ordenando se ignore la Constitución.

¿Es éste el Cambio Verdadero? ¿Neta? ¿Todavía es uno honor estar con Obrador? ¿Dónde está la izquierda que dio sangre y vidas luchando justo en contra de esto?

Esta ahí, junto a Pablo Gómez, lamiendo la bota del dictador. Pablo Gómez, el que ha hecho una vida y milagro de decir que participó en el movimiento del 68. El que ha usufructuado la muerte a ráfaga y bala de sus amigos que dice y dice y dice haber presenciado. Ese Pablo Gómez.

¿Qué sigue? ¿Otro memorándum ordenando que se ignore las suspensiones en un amparo? Mmm. Qué conveniente habría sido uno de esos cuando El Encino, ¿no?

El asunto no es menor ni se limita a los maestros, la educación pública, la CNTE.

No. Esto es una probadita de lo que está por venir.

En otro texto escribí sobre la dictadura que teje el Peje. El tejido está completo. La dictadura es ya una realidad.

Cuando nos despertamos, el dinosaurio no solo seguía ahí. Era un Tirano-sauro Rex que rugía gustoso mientras sus rémoras lamían sus huevos y nos preguntaban “… y dónde estabas tu cuando ___(agregue aquí la pendejada del pasado de su preferencia)___ …”.

Estaba aqui mismo, chairo. Dando la batalla que tu ya abandonaste.

La Constitución no es solo un libro de hueva lleno de leyes que recitamos en la clase de civismo y que nadie entiende ni vuelve a leer.

La Constitución es, fundamentalmente, lo único que protege a los ciudadanos de los excesos del poder.

La Constitución nos da derecho a pensar y decir lo que queramos, a llevar la fe que nos convenza, a que no nos encarcelen o confisquen nuestros bienes arbitrariamente, sin juicio, sin razón.

Sin ella, no somos ciudadanos, somos súbditos, ciervos, del Tlatoani que se siente en la Silla del Aguila y sus esbirros.

Cuando el Presidente emite un memorandum que instruye a las autoridades a ignorar la Constitución, tu y yo, los ciudadanos de a pie, nos quedamos sin escudo, sin defensa.

Hoy es la reforma educativa. ¿Mañana? Mañana viene la libertad de prensa. Ya nos lo advirtió: “si se pasan ya saben lo que les pasa“. Pasado mañana será la propiedad privada. La próxima semana será la garantía de audiencia antes de ir a la cárcel.

Así, entre memoranda, aplausos y porras de los solovinos oportunistas apologistas del régimen es como muere la democracia.

Para los que dicen “México no es Venezuela“, ayer México dio el primer paso para ser Venezuela, el mismo paso que dio Venezuela cuando decía que Venezuela no era Cuba, el mismo paso que dio Cuba cuando decía que Cuba no era la Unión Soviética.

Ese paso.

El paso del dictador y sus apologistas.

 

Romper para crear. La Presidencia de la destrucción.

Héctor Aguilar Camín tuvo manos de profeta. En la novela “Morir en el Golfo”, dio a luz al personaje Lázaro Pizarro, un líder que en la novela hacía las veces de Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, el antiguo dueño del sindicato petrolero.

Pizarro se forjó en Veracruz, estado petrolero del trópico. Forjó, tiempo pasado de la acción de dar forma al metal a golpe de martillo y fuerza de calor. Perdió dos dedos en un torno. Perdió a su esposa e hijo en el parto porque no tuvo dinero para llevarlos al hospital. Salió del infierno a golpes, vengando a su esposa, destruyendo a sus adversarios.

Pizarro se hizo el amo de su mundo, un mundo que él controlaba a plenitud.

Reparte trabajo. Consigue becas. Ayuda con trámites. Financia máquinas de escribir y de coser para rifas. Consigue pensiones alimenticias. Fondea huelgas. Su mano es besada por un par de indígenas de Zongolica.  Se levanta temprano.

El retrato del Tata Cárdenas en todas sus oficinas en plan de inspiración y santo patrono.

La lealtad es lo primero en la vida”, le dice a uno de sus chalanes al que le consiguió la presidencia municipal de Poza Rica y diez millones de pesos para pavimentar las calles.

Pizarro construyó su propio tren que recorre la selva veracruzana. Ese tren da servicio a la Mesopotamia, el complejo agrícola que levantó para la soberanía alimentaria del sindicato.

Él avanza la revolución socialista, piensa apoderarse del capital, de las fábricas, de la producción; todo por la vía pacífica, desbancando a los extranjeros y a los empresarios con sus precios de garantía y productos subsidiados.

Pizarro no tiene propiedades ni dinero propio, no le interesan.

Lo que le interesa es el poder.

No saben lo que es la necesidad del poder, la necesidad de poner cada día, cada hora del día, cada minuto de cada hora todos los huevos en la canasta porque en cada jugada es ganar o morir.”

Ese enunciado es la filosofía de vida de Lázaro Pizarro. También podría ser la de Andres Manuel López Obrador.

La presidencia de López es la llegada al poder de Pizarro.

Romper para crear”, lema preferido y modelo de acción de Pizarro es también el de la Cuarta Restauración.

Éste régimen está convencido de la necesidad de destruir para poder construir.

Canceló el aeropuerto.

Está derogando la reforma educativa.

La confrontación entre el “Pueblo Bueno” y los “Fifis Conservadores” están erosionando la unidad nacional.

Desmanteló el Estado Mayor.

Los “Super-delegados” son un atentado contra el Federalismo.

Despidió a los trabajadores técnicos del SAT.

Llenó a la Comisión Reguladora de Energía de incompetentes.

La COFEPRIS va a convertirse en un área de la Secretaría de Salud.

Ha dejado sin presupuesto al INEGI.

En tres años, cuatro de los cinco miembros de la junta de gobierno del Banco de México habrán sido nombrados por él y adiós autonomía.

El avión presidencial está convirtiéndose en chatarra por capricho.

Dejó los Pinos.

El Tren Maya arrasará con la selva Lacandona.

La distribución de gasolina.

La generación de electricidad.

La Fiscalía General es encabezada por su Fiscal Carnal.

El INE está constantemente bajo ataque.

El Seguro Popular fue desfondado.

Las estancias infantiles canceladas.

La Corte con dos ministros incondicionales y ahora quiere sumarle cinco más.

La democracia disminuida por la revocación de mandato.

Lo que se acumule ésta semana.

No por nada López ha llamado a su Presidencia la Cuarta Transformación de la vida nacional.

En su narrativa, las primeras tres destruyeron lo que había antes de ellas y dieron forma a un México diferente y mejor: la Independencia rompió el yugo de España y nos hizo libres, la Reforma separó la Iglesia del Estado y nos hizo soberanos, la Revolución rompió con el Porfiriato y nos dio reparto agrario, soberanía de la tierra, fin a las tiendas de raya y la explotación campesina.

Así, igual, sobre los escombros del neo-liberalismo, bajo la guía de la Honestidad Valiente se levantará la República Amorosa del Cambio Verdadero en la que Juntos Haremos Historia. México será un lugar en el que, por el bien de todos, siempre serán Primero los Pobres, una Mesopotamia, como la de Pizarro, que abarcará al país entero.

Pero, ¿y después de López?

Las instituciones que con tanto esfuerzo construimos durante estos 30 años tienen su razón de ser.

Nos protegen de un Tlatoani no tan sabio, no tan misericordioso, no tan santo.

La Presidencia de López es la llegada al poder de Lázaro Pizarro, con sus filias, fobias, y estilos. Es una presidencia en la que las líneas de la realidad y la ficción política se van borrando.

Los excesos y ocurrencias de nuestros autocrátas han sido siempre el freno a nuestra prosperidad y desarrollo. Por eso hemos batallado desde siempre para limitar el poder de nuestros caudillos, por eso levantamos las barreras que hoy el Presidente ha decidido derrumbar.

¿Y cuando ya no esté él, quién o qué podrá defendernos?