Volveremos a salir, a reunirnos, todos juntos

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Si algo nos enseña Pesaj es esto: que de la mano unos con otros y con la bendición de Dios podemos sobreponernos a todo, incluso a la esclavitud y al peregrinar por el desierto.

Cuando la plaga de los primogénitos, Dios nos ordenó quedarnos en casa para que la muerte nos pasara de largo.

La plaga de los primogénitos pasó, salimos a la calle, salimos de Egipto, salimos de la esclavitud. Se abrió el mar y lo cruzamos. Después de andar en el desierto, llegamos a la tierra de leche y miel.

Lo mismo pasará ahora: Hoy, con ésta plaga, también debemos quedarnos en casa para que la muerte nos pase de largo.

Pero la plaga pasará y se irá.

Saldremos a las calles más libres de lo que éramos ayer, habremos aprendido que muchas de las ataduras que nos habíamos forjado no eran necesarias y nos las habremos sacudido, nos habremos dado cuenta de que lo realmente importante siempre ha estado en casa y dentro de nosotros.

Vendrá el cruzar por el desierto: el hambre que viene, la crisis que ya está, los negocios, empleos y oportunidades perdidas.

Pero el desierto se acabará. Lo cruzaremos juntos, cobijados por Dios y de la mano de nuestros seres queridos.

Llegaremos a la tierra de leche y miel.

A ti, amiga, amigo querido, te deseo lo mejor para ti y los tuyos, en este día y en todos los días.

Un poco de luz para destruir mucha oscuridad

Parafraseando a Eleanor Rosevelt, hoy no voy a maldecir la oscuridad, voy a encender una vela. Así que en éste texto no voy a hablar de AMLO, ni de su gobierno, ni de su falta de solidaridad con los empresarios que damos trabajo a millones de mexicanos, ni mi opinión sobre ellos. Si eres lector regular mío, ya sabes lo que pienso.

Vamos a estar bien.

Esta crisis que viene se irá y vamos a estar bien.

Vamos todos en el mismo barco. Salimos juntos o nos hundimos juntos y por eso sé que vamos a estar bien, porque juntos saldremos a flote.

Somos seres sociales. Esa es nuestra fortaleza. Esa es nuestra debilidad. Es lo que nos transformó de un primate como los demás en la especie dominante del planeta. Es lo que los organismos como el coronavirus explotan en nuestra contra.

Nada hace mas aparente nuestra necesidad social como estas épocas de cuarentena.


Estudiamos y aprendemos en grupo. Festejamos nuestras alegrías en grupo. Lloramos y cuidamos de nuestros muertos en grupo. Nuestros deportes y entretenimiento, nuestros centros de trabajo, de estudio, de ocio, de esparcimiento, de gozo, de pena, de práctica religiosa; todos son comunales, sociales, juntos. El ritual mismo de casi todas las religiones se llama Comunión.

Carajo, nuestra supervivencia misma como especie requiere de que nos reunamos, nos gustemos, nos besemos, intercambiemos baba y otros fluidos.

Ahí estamos todos en los grupos de WhatsApp que tanto odiamos pero que ahora nos sirven de lugares de reunión. El chat de mi generación de la prepa lleva meses dormido y ahora todos posteamos, cotorreamos, hasta nuestra reunión de 25 años hicimos por Zoom. Por cierto, muy mal a los cortados que no fueron. Tst tst tst.

Algunas escuelas están dando clases virtuales. Los museos han abierto sus colecciones digitales de forma gratuita. Broadway ha puesto a disposición sus obras grabadas sin costo. Los adolescentes (al menos los que conozco) toman café y organizan convivio vía Zoom. Cientos, tal vez miles de juntas que se harían tenido presencialmente ahora se están desahogando vía correo y otras herramientas digitales.

En corto, seguimos haciendo comunidad, aún a distancia, aún en la soledad de nuestro aislamiento.

Ésta pandemia va a cambiar la forma en la que nos relacionamos los unos con los otros, como en los ochentas y noventas el VIH (SIDA le llamábamos entonces) cambió nuestras costumbres sexuales.

Lo primero que va a cambiar es nuestra percepción del otro y de lo que le pasa al otro.

Tenemos la idea de que mientras nosotros y nuestros seres queridos, nuestro circulo inmediato, estemos bien, todo está bien. Lo que pasa en otras ciudades, por no hablar de otros países o los continentes del otro lado del mundo no nos afecta.

O sea, si esta pinche que la gente se muera de sed en Africa y así, pero mientras yo abra la llave del grifo y salga liquido mas o menos limpio para lavarme las manos y encuentre agua embotelladas en el súper por aquello de los bichos de la cisterna, todo bien. Tomen, chicos, ahí les va algo de dinero y un click en Change.org.

Ya no.

Lo que está pasando nos demuestra que todos, TODOS, estamos en el mismo barco.

Los teléfonos, aviones y televisores han servido para hacer el mundo más pequeño, y la ola de cambios tecnológicos solo nos acercará más.
Cuando pase la urgencia de la emergencia será momento de ver qué hicimos bien y qué hicimos mal y tendremos menos chance para ignorar los problemas y desafíos de otras partes del mundo.

Ahora tendremos un interés personal en el bienestar global.

Me llena de esperanza pensar que nuestro conocimiento y la intimidad y proximidad entre nosotros nos lleve a una mayor comprensión y oportunidad para todos.

La lección de esto es que nuestra seguridad, nuestra vida misma, depende de que todos estemos bien.

No sirve de nada que nosotros tengamos agua entubada, comida en los supermercados, medicina moderna, doctores y hospitales privados si hay pueblos y ciudades enteras que no lo tienen. Ahí, dónde viven los más vulnerables, es donde nacerá y se desarrollará la próxima amenaza biológica.

No, no estoy apelando a un falso sentido de la solidaridad y el altruismo. Somos primates eminentemente egoístas.

A lo que me refiero es que mejoraremos la calidad de vida de los demás por nuestro interés y beneficio propio.

Vamos a destinar recursos, tiempo y dinero a elevar la calidad de vida de aquellos que han tenido menos oportunidades que nosotros y eso, lejos de ser un gasto o una dádiva, será una inversión.

En la medida en que más gente esté más sana en más lugares por más tiempo, todos estaremos más sanos y más seguros.

Lo dicho: Somos primates eminentemente egoístas, pero también somos capaces de aprender y modificar nuestra forma de actuar.

Ésta crisis, sin precedentes en la historia de la humanidad, nos hará mejores personas. Nos va el pellejo en ello por lo que estoy seguro de que así será.

Así que, como verán, vamos a estar bien.

Un poco de luz destruye mucha oscuridad. —Rabino Schneur Zalman de Liadi

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Para López la riqueza no se crea ni se destruye, solo se reparte

López y su gobierno parecen creer que la riqueza no se crea ni se destruye, solo se reparte. En la mañanera del lunes dijo “Ya nada de rescates al estilo del periodo neoliberal, que les daban a los bancos, a las grandes empresas, no, que ni estén pensando en que van haber condonaciones de impuestos u otros mecanismo que se usaban antes. Si tenemos que rescatar a alguien, ¿a quién tenemos que rescatar? A los pobres, por el bien de todos, primero los pobres”.

Coincido con el fin del Presidente (si, ya sé). Hay que rescatar a los pobres. Sobre todo hay que rescatarlos de sus rescatadores, salvadores y defensores profesionales; esos que, como López, han hecho una carrera de medrar con sus necesidades, pero ese es otro tema.

Los pobres, los no tan pobres y los ricos, todos, necesitamos salir adelante de esta crisis y para eso vamos a necesitar dinero.

Ese dinero, esa riqueza, tiene que crearse. No existe en un vacío ni se da por generación espontánea.

La riqueza se crea así: Lorenzo es panadero. Su horno tiene capacidad para hornear 10 bolillos al día, bolillos que vende a peso y de los que tiene una utilidad del 30%. Los 10 pesos diarios que vende Lorenzo los deposita en el banco. 7 los usa para pagar a sus proveedores y 3 para sus necesidades.

Lorenzo se ha dado cuenta de que todos los días, cuando se le terminan los 10 bolillos, hay otras diez personas haciendo fila para comprar a los que les dice que ya no tiene bolillos, que pasen mañana. Su esposa Carmela, que es la fuente de todas las buenas ideas en la vida de Lorenzo, le dice que ponga otro horno y así podrá vender más pan.

Lorenzo va con Mariasun, la que le hizo el primer horno, y Mariasun le cotiza uno nuevo en 100 pesos. Lorenzo no tiene 100 pesos, pero si 30. Va con Roberto el banquero, le explica la gran idea de Carmela y el banco le presta los 100 pesos que necesita. Esos 100 pesos no son del banco, sino de los ahorradores como Lorenzo que guardan ahí su dinero para no tenerlo abajo del colchón.

Lorenzo va con Mariasun y le paga los 100 pesos. Mariasun deposita esos 100 pesos en el banco de Roberto. Gira un par de cheques para Andrea y Pablo, sus empleados, con los que les paga el sueldo.

Andrea y Pablo depositan su sueldo en el banco de Roberto y sacan un crédito para comprar un coche y una casa. Pagan el coche a la agencia y la casa al desarrollador y la agencia y el desarrollador pagan a sus empleados y compran maquinaria e insumos a empresas que a su vez hacen lo propio y así, los 10 pesos que Lorenzo religiosamente deposita en el banco de Roberto se convierten en una bola de nieve que da sustento a millones de personas.

Todas estas personas y empresas, o casi todas, pagan impuestos. Así es como el gobierno se hace de dinero.

Hay gobiernos que toman esa riqueza y la invierten en hacer más riqueza. fondos de inversión soberanos que compran acciones en compañías exitosas. Hacen obra pública como caminos, puentes y, aeropuertos que derraman riqueza y sirven para conectar alas personas y al comercio. Compran o desarrollan tecnología que hace más fácil la vida de sus gobernados.

Digo, hay gobiernos, no el nuestro, pero los hay.

La riqueza también se destruye: Los impuestos mal gastado son un destructor de valor. El derroche en obras faraónicas sin sentido. La cancelación por capricho de proyectos y programas públicos que funcionaban. El abuso de poder por encima de la ley que da al traste con la confianza de los inversionistas. El terrorismo fiscal.

¿Te suena familiar?

Exacto.

Yo estoy de acuerdo en que parte del ejercicio de gobierno es distribuir adecuadamente la riqueza para que aquellos con menos oportunidades puedan salir adelante. Tenía razón López cuando decía “Por el bien de todos, primero los pobres”. Pero “primero los pobres” no puede significar “pinches ricos, que se jodan”, ni mucho menos puede ser “solo los pobres, los que no sean pobres, que se jodan”.

¿Cómo piensa López rescatar a los pobres? Con repartos directos de dinero. “Estamos enviando por anticipado a los adultos mayores su pensión, ya la dispersión en bancos comienza hoy (…) vamos a otorgar créditos en las Tandas de Bienestar y vamos a aumentar para que llegue a más gente, los que tienen talleres, pequeños comerciantes, ayudarlos. Es parte del plan de recuperación, primero los más necesitados”.

También le pasa el costo directo de la crisis y la recuperación a las fuentes de trabajo. Firmó un decreto, sin atribuciones legales para ello, que establece que las fuentes de trabajo deben permitir la ausencia de personas vulnerables al #COVID19. Las empresas, por supuesto, están obligadas a otorgar el salario íntegro por un mes.

Nuestro gobierno no entiende que para poder repartir la riqueza, primero tiene que haber riqueza. No entiende que no entiende

Si las fuentes de trabajo no tienen apoyos del gobierno en momentos de crisis, esas fuentes de trabajo, chicas, medianas y grandes, se van a cerrar. Ningún empresario, por buena persona que sea, por más responsabilidad social que tenga, va a sacrificar el bienestar propio y de los suyos en favor del de sus empleados. Nadie come lumbre.

Si Mariasun tiene que pagar sus impuestos y sus créditos y no le alcanza para mantener a Andrea y Pablo como empleados, los va a correr. Tal vez eso implique que no pueda hacer el horno de Lorenzo. Sin ese horno, Lorenzo no solo no va a vender más bolillos, sino que no va a tener para pagar el crédito al banco. Si el banco no recibe el dinero de Lorenzo y el resto de sus acreditados, no puede pagarle al propio Lorenzo y los demás cuentahabientes los depósitos que tienen ahí: no puede regresarles el dinero que les está guardando.

Tampoco va a haber dinero para impuestos y sin esos impuestos, el gobierno no tendrá para repartir riqueza, ni apoyos, ni tandas, ni pensiones, ni nada; mucho menos para construir el Tren Maya, Dos Bocas o Santa Necia.

Si la gente no tiene dinero, no puede comprar pan, ni el que les vende Lorenzo ni ningún otro … y si no lo compran, algo harán para obtenerlo pues de hambre no se van a querer morir.

López está a tiempo, puede rectificar. Hacer una quita generalizada o escalonada porcentual de impuestos, ampliar el plazo para declarar y pagar, dar mensualidades sin intereses o con intereses bajos, dar estímulos o apoyos a sectores estratégicos, ampliar el catálogo de deducciones y condonaciones, esas que le chocan al presidente.

No queda de otra.

Si el gobierno no entiende que la riqueza se crea y se destruye, no solamente se reparte, entonces lo único que habrá en México será pobreza y de esa sobrara para dar y repartir.

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