Bono y yo

…And the battle’s just begun
There’s many lost, but tell me who has won
The trench is dug within our hearts
And mothers, children, brothers, sisters torn apart
Sunday, Bloody Sunday
Sunday, Bloody Sunday

Estas fueron las primeras palabras que escuché en la voz de Bono, allá por 1988. Fue en Tepoz y, como tantas cosas, le debo a Shlomo Frymerman habérmelo presentado.

La canción ya era vieja para entonces, había salido en 1983. Para mi, a mis 12 años, era nueva y fresca, como el agua fría de la mañana.

Ni siquiera la alcancé completa. En esa primera escucha me perdí la primera estrofa y el solo de batería de Larry con el que empieza, ese Tara-ra-ran-TA / tum-tum/Tara-tum/Tara-tum-tum/Tara-ra-ran-TA que 31 años más tarde todavía me pone la piel chinita.

Apenas llegué al De-efe, ese mismo domingo, y con dinero que me prestó mi mamá bajo palabra de honor de reponerlo llegando a casa corrí (es un decir, mi mamá me llevó en el coche) al Mixup de Pabellón Polanco y pregunté por el cassette War de U2.

El vendedor podría haberme dado el War, y yo me habría ido feliz y relinchando con mi compra, pero no.

—¿Ya tienes el Joshua Tree?

—No. ¿Ese cuál es?

—Salió el año pasado. Es lo mejor que esta banda ha grabado. Dice la Rolling Stone que es el mejor disco de los 80’s.

—¿Te cae?

—¿Por qué no lo escuchas y si te gusta te lo llevas? Si no, te llevas el War y listo.

No. Pinches. Mames.

La deuda que tengo con ese vendedor es impagable, y ni siquiera recuerdo su nombre.

Joshua Tree

Desde los primeros acordes de Where the streets have no name hasta el cierre de Mothers of the disappeared me hizo suyo, propio, de él. El Joshua Tree es, todavía, mi álbum favorito.

Todavía tengo días en los que quiero romper mis paredes, tocar la flama, esconderme donde las calles no tienen nombre. Todavía no encuentro tanto de lo que llevo la vida buscando. Todavía siento la furia de correr para mantenerme en el mismo sitio. Todavía encuentro significados ocultos en la obra de Dios. Todavía siento a la noche llegar como si fuese una cazadora.

… y así todo el Joshua y casi todo U2.

Eventualmente compré también War y Boy y Unforgettable Fire y October. Todos mi ahorros y domingos del ‘88 se fueron en cassettes de U2. Ninguno era la obra maestra del Joshua, pero los cuatro me rayaron.

Salió Rattle and Hum y me gustó.

—Wey, ninguna banda puede repetir algo como el Joshua —me dijo alguien.

—Lo sé —dije yo.

Estábamos equivocados.

Llegó Achtung Baby en el 91 y oooooootra vez: No. Pinches. Mames.

Achtung Baby

Todas mis dudas existenciales de entonces, de ahora, en Acrobat. Toda la miel y la hiel del difícil amor de mi adolescencia en Love is Blindness y One. Toda la búsqueda de the Real Thing, de algo Even better than the real thing.

Joshua y Achtung son el soundtrack de mis 12 a mis 22. Hay una decena de artistas y una centena de discos (muchos de ellos de U2) importantes para mi durante esos años, pero nada, nunca, como esos dos.

Están las anécdotas con su música de fondo y están las anécdotas con ellos de protagonistas:

Vinieron a México para el ZooTv y no tuve lana para verlos.

Vinieron para el PopMart y fui a los dos conciertos que dieron.

Mi amigo León se lanzó a San Diego a ver Elevation y yo no fui, esperando que vinieran. Sigo esperando. León me sigue pendejeando (que para eso son los amigos).

Cuando decidieron sacar de gira el Joshua Tree y tocarlo completo en vivo, no sabía si vendrían a México o no y no quería que me pasara lo del Elevation. Además … era el Joshua, el pinche Joshua Tree.

Mi esposa, que es la neta del planeta, se lanzó conmigo a Houston a que los viéramos. Pasamos ahí menos de 24 horas y ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

You and I

Siempre si vinieron a México y fuimos los hermanos de la Sagrada Secta del Buitre Embalsamado a verlos al Foro Sol con todo y esposas, pero para mi, ir a Houston con la mía y verlos como los vi esa vez ha sido siempre lo mejor.

Los hermanos buitres

Cuando vinieron al 360, la noche previa al concierto, estaba yo en pijama cuando me dice mis esposa —Al, están Bono, Edge y Larry cenando en el Dulce Patria —una amiga que trabajaba ahí le dio el pitazo.

Flash es un pendejo. Nunca fue tan rápido como yo en cambiarme y salir a la calle en búsqueda de ellos cual quinceañera del infierno.

Esperé en la puerta del Dulce con otros fans durante dos horas, tal vez más. En el Inter me hice cuate de su jefe de seguridad. Le expliqué todo o casi todo lo que he narrado aquí y él me dijo —yo me encargo de que te saluden.

Fiel a su palabra, cuando salió Bono, lo trajo hasta mi. Balbucee mis gracias, mi admiración, las mío pendejadas que Bono oye cada día que se encuentra con alguien como yo, y me tomé la foto obligada.

Edge tenía prisa y no vino.

Cuando se fueron ellos dos, se fueron casi todos los fans y con ellos la valla de seguridad. Yo entré al restaurante a agradecer a la amiga de mi esposa y ella amablemente me presento a Martha Ortiz, la dueña.

No sé bien cómo ni por qué artes, pero acabamos Martha y yo echando un mezcales … con Larry. Él ahí seguía y entre trago y trago nos pasamos media hora hablando de música, pero no de la suya.

—Obviamente eres fan, si no no estarías aquí, pero dime, ¿qué más te gusta?

Los dos coincidimos en que John Bonham es el mejor baterista de todos los tiempos y que sus solos en Rock & Roll y Moby Dick son una cátedra en como tocar los tambores.

Larry y yo, con unos mezcales encima

Pasaron los años. Vinieron más discos. Después se fueron todos los discos y ahora son tracks en Spotify.

La verdad es que hoy los oigo poco.

Son como los mejores amigos. Sé que ahí están y cuando nos reunimos, es como si no nos hubiésemos despedido, como si no hubieran pasado meses, a veces años, sin habernos escuchado.

Pero hoy Bono cumple 60 años (puta madre, 60. Él y yo ya estamos viejos). Para sus 60, él escribió 60 fan letters a los artistas de las 60 canciones que —dice él— salvaron su vida. Si yo hiciera un ejercicio similar, al menos 20 de esas canciones son suyas, así que aquí este texto para él, que no leerá, que posiblemente ni siquiera sepa nunca que lo escribí, pero que lleva en estas líneas el agradecimiento profundo de toda una vida.

Sobre el Autor Alberto Mansur

Abogado litigante en derecho mercantil y civil. Llevo pleitos de negocios. Autor de #LoQueMataNoEsLaBala. Dueño del #PrietitoEnElArroz. Lavo y plancho ajeno.

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