Instrucciones pa’ cuando me muera.

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Tengo 37 años y no siento a la muerte cerca pero, como la Flaca tiene por costumbre no anunciarse y, como uno siempre cree que es inmortal hasta que no, quise aprovechar éste día de muertos para dejar plasmado lo que yo quiero.

Cuando ese día llegue, mis seres queridos harán lo que les venga en gana, me queda claro, pero para que no se anden quebrando la cabeza pensando si esto o lo otro es lo que yo hubiera querido, aquí les dejó la guía de lo que sí y de lo que no quiero.

Lo primero es que me lloren el mínimo, minimísimo, indispensable y no más. Un poco de llanto limpia el alma y da consuelo. Un mar de lágrimas no sirve para nada, ni para beber siquiera, y si se pasan de tueste luego hasta se vuelve vicio. No les digo que no lloren, pero nomás poquito.

No me vayan a extrañar pues ni muerto me habré ido. Las personas que nos quieren viven en nosotros mientras los recordamos y a ustedes les he dicho siempre que, cuando me extrañen, sólo tienen que cerrar los ojos y mirar dentro de su corazón y ahí estaré. Toda su vida podrán tenerme ahí, mientras ahí me quieran.

Me gustaría música en mi entierro, Beautiful Day o Where the Streets Have No Name de U2 sería bueno, pero no estoy seguro que las reglas y el protocolo lo permitan. Si no se puede, pues ni modo, si si, ahí les encargo.

Antes de guardarme para siempre, por favor, donen todo lo que sirva de mi para alguien más. Mis ojos, corazón, pulmones, riñones, hígado, manos, uñas, TODO. Yo ya no lo voy a necesitar y puede ser la diferencia en la vida de alguien más.

Si vienen y les dicen que por cuestiones religiosas no se puede o que voy a estar incompleto cuando venga el Mesías les dicen que yo nunca he sido religioso y que ahí cuando venga el Mesías, si llega, ya veré yo como le hago; pero lo donan todo.

Les ruego que a la hora de echarme al pozo nadie que no me conozca haga uso de la palabra ni diga cosas de mi que ni sabe.

Si alguien va a hablar, que sea alguno de ustedes y que lo que diga no sea que ahora estoy con Dios o alguna de esas cosas sino que cuente un chiste, de preferencia uno que a mi me guste como el del changuito en la cantina o el del tipo al que persiguen los caníbales y luego, ya si quiere, que cuente una anécdota o una vivencia que hayamos tenido juntos.

Lo que si quisiera es que me pongan donde pueda sentir los rayos del sol, la brisa, la lluvia. Eso sobre todo, la lluvia. Que mi loza sea de algún material poroso o que al diseño le metan ingenio para que la lluvia le llegue a la tierra y en la tierra ya la sienta.

Si además puedo estar cerca de mis seres queridos que se hayan ido antes que yo o si pueden ir reservando para que los que se quedan me vayan alcanzando, más mejor.

Ya que estamos con el tema de la loza, les encargo que no sea nada ostentoso. Ni tablas de la ley o motivos religiosos ni garigoles que en vida nunca me han gustado. Así, sencillita, simple y sin un mensaje grupal redactado por un miembro oficioso de la familia diciendo lo bueno que fui y el ejemplo que puse y lo mucho que bla, bla, bla. Hay espació para todos así que cada quién ponga y firmé lo que quiera y sienta. Yo con un te queremos -así, en presente- tengo.

No sé si las leyes lo permitan pero si se puede echar algo ahí conmigo, déjeme una foto de mi esposa, de mis hijas, de mis padres, de mis hermanos; si los tengo, de mis nietos y de mis yernos. Déjeme también un libro, The Godfather, To Kill A Mockingbird, The Chosen o The Pillars of the Earth estarían de lujo.

Si alguna de mis novelas ve la luz del día, echenmela también.

Ya entrados en gastos, déjeme un Carlos V, no vaya a ser que me de hambre.

Mi duelo quiero que sea una pachanga de siete días. Que se reúnan en mi casa todos los que alguna vez me quisieron y todos los que quieren a los que me quieren. Que la pasen bien. Que cuenten chistes, anécdotas, historias, chismes también. Que nadie hable en voz baja.

Quiero que sirvan cerveza Indio, café turco y de olla, Vino de Piedra en la comida, vodka y todo lo que a mi me gusta tomar. Que den de desayunar pan de velorio, chilaquiles verdes y rojos, quesadillas de tortilla azul rellenas de huitlacoche y flor y que el jugo sea de mandarina -si es temporada- o de naranja pero exprimido, no de caja.

Quiero que los que sientan la necesidad de rezar, lo hagan y que los que no la sientan, que no lo hagan pero que acompañen a los que si para que junten minian.

Quiero que si un rabino va a decir algunas palabras sea un rabino que haya sido mi amigo y no alguien que sólo esté ahí por alguna otra razón.

Quiero que los que necesiten palabras de consuelo o de aliento las busquen en privado y que no hagan que los demás se las soplen pues los invitados vienen a pasarla bien.

Si dejo mucho dinero quiero que los usen para bien, que recuerden que a mi nunca me ha importado y que el dinero vale tan pero tan poco que hasta lo regalamos a los que lo necesitan.

Finalmente quiero que se quieran, que sepan que los he querido, que cada uno de ustedes ha sido especial y que si mi vida ha válido para algo es porque ustedes han sido parte de ella.

Sobre el Autor Alberto Mansur

Abogado litigante en derecho mercantil y civil. Llevo pleitos de negocios. Autor de #LoQueMataNoEsLaBala. Dueño del #PrietitoEnElArroz. Lavo y plancho ajeno.
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