Santificarás el Sábado.

—Tercer Mandamiento.

Shabat Shalom.

Dos palabras que encierran tanto del judaísmo.

Así nos saludamos. Así nos despedimos. Así damos la bienvenida al sábado. Eso nos deseamos los unos a los otros después de bendecir el vino, pero antes de partir y compartir el pan.

Shabat Shalom.

Es, más que otra cosa, un deseo de descanso y de paz.

Eso fue para mi.

Levantarme dos horas más tarde sin correr al desayuno para poder iniciar el trayecto a algún campo.

Recorrer el Museo Polin y sus mil años de presencia judía en Polonia a mi paso, a mis anchas, sin prisa.

Compartir con nuevos pero entrañables amigos una comida de lujo y no el sándwich de ensalada de patatas, la manzana y el plátano de todos los días.

Caminar con mi padre y mi hermana por las calles del casco viejo de Varsovia, admirando la arquitectura comunista traída a valor presente en la Polonia capitalista.

Disfrutar de un café en la plaza mientras un músico callejero toca jazz en su saxofón.

Descubrir que al taxista le gusta el regeaton y con mi hermana cantar (bueno, washawashear) Despacito a todo pulmón

Descansar con paz de los campos, del dolor, de la furia, de enfrentarme de golpe con lo que fue capaz de hacer el hombre contra el hombre.

Shabat Shalom.

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Sobre el Autor Alberto Mansur

Abogado litigante en derecho mercantil y civil. Llevo pleitos de negocios. Autor de #LoQueMataNoEsLaBala. Dueño del #PrietitoEnElArroz. Lavo y plancho ajeno.

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